La habitación 208
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- Categoría: Relatos
- Publicado en Miércoles, 21 Diciembre 2011 07:52
- Escrito por cronopio
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Cuando mi padre murió, el universo se redujo bruscamente. Hasta las palabras se hicieron más pequeñas. Y los familiares, amigos y vecinos que cumplieron con el ritual funerario también me parecían más pequeños. Esto parece la “letra pequeña” de un contrato, me dije a mi mismo en un brote de sarcasmo que sólo pueden permitirse aquellos que tras una larga agonía aceptan el momento del alivio sin remordimientos.
Todo concluyó en ese hospital de la Ronda del Mig por el que paso miles de veces de regreso a casa. Y dentro de ese edificio, apenas el espacio de una habitación, la 208, y, ahí fuera, en los pasillos y cubículos del turno de noche, una silenciosa y diezmada multitud de personas extrañas, o como mínimo, ajenas. Dicen los instruidos que nuestra cultura no ve con buenos ojos esto de morirse. Personalmente, no conozco a nadie que contemple ni por caridad la idea de morirse. Al contrario, los longevos son los nuevos súper héroes, que ríete tú de Spiderman. Incluso hay algunos que “conducen” pasados los noventa. Poco falta para que les levanten un monumento adicional en la plaza de Catalunya.Otra cosa es el dolor. Porque el dolor es lo primero que se esconde, como la cartera. O el irrefrenable deseo de escapar a la cafetería con la excusa del cigarrillo o el café. Porque el tiempo pesa tanto que se hace abusivo y ya nada te produce indignación, ya lo aceptas todo. Ya sólo persigues a las enfermeras y auxiliares cuando el enfermo despierta con un ataque de asfixia y abre los ojos, y te mira como suplicando que acabe el suplicio. Y por eso mismo, pronto empezará a hacerse hueco, a codazos, a instalarse en todos nosotros el inevitable deseo de que todo cese de una vez, de que te vayas. Y ese pensamiento nos consolará, qué duda cabe, esa es la verdad, pero también nos alejará definitivamente de ti.
Cuando, a las seis de la mañana, salgo de la habitación 208 a estirar las piernas, el aire fresco de la vida me reclama. Respiro hondo, enciendo un cigarrillo y me lo quedo mirando, lo tiro al suelo y pienso, qué tontería, y acabo encendiendo otro. Y así hasta la eternidad de las siete, justo cuando mis sentidos se agarren a la luminosidad del nuevo día como a un clavo ardiendo. Intento llorar y no puedo. No lo haré en todo este tiempo y empiezo a sentirme un poco raro. Quizás un poco culpable. Las imágenes de mi infancia acuden, entonces, como esqueletos de vinilo y el run run de sus viejas canciones me producen una agitación que remueve mis entrañas. Recuerdo, a través del oscuro velo del tiempo pasado, aquellos días y aquellas tardes tan lentas. Tan lentas como la caligrafía inglesa, la estufa de carbón, la bufanda, los resfriados y un moco colgando de la nariz. Y la fiebre, cada vez que la gripe alertaba a mi madre, que aparecía hecha un basilisco blandiendo el termómetro y exclamando ¡Treinta y ocho! ¡Válgame Dios! ¡A la cama ahora mismo! Nunca discutíamos por eso.
Y, enseguida, llegaba el domingo. Tú aparecías, entonces, con tu eterna cazadora de piel y tu semblante de Steve McQueen, un poco bajito, eso sí, aunque a mí eso nunca me importó. Lo que sí me dolió es que jamás me mencionases tu lesión de la espalda. Aparecías, digo, con un montón de tebeos de Hazañas Bélicas. ¡Regresabas del Mercado de Sant Antoni con regalos sorpresa para el pobre hijo enfermo! Y yo pensaba ¡Hurra por la gripe! Y me lo pasaba en grande. Por otra parte, nunca olvidaré aquellos domingos, en los que te pasabas toda la mañana limpiando tu flamante motocicleta OSSA negra de 125 centímetros cúbicos y acababas incitándome a dar una vuelta, engalanado con tu flamante cazadora de piel y tus guantes de intrépido motorista.
La vida tiene estas cosas. No sé por qué, pero hay certezas que aunque se hagan esperar no por eso son menos irrebatibles. El tiempo va encogiéndose y encerrándose en el impulso de su propia arbitrariedad y acaba colándose con categorías distintas, sino anacrónicas, por las grietas de nuestra propia biografía. Por ejemplo, en la habitación 208, donde mi padre se muere. Y este edificio que, visto desde el cielo, parece un punto más dentro de esta ciudad, se va reduciendo todavía más: a una habitación, la 208, y a su alrededor, una profusión de figuras desconocidas que se mueven de aquí para allá, obedeciendo a mecanismos que a mí, ahora mismo, me parecen repetitivos y corruptos: redactar el protocolo de farmacia, reponer el suero, preparar las sábanas de repuesto y el desayuno, apagar las luces. Enfermeras, auxiliares y camilleros, y algún que otro médico de guardia, pero, sobre todo, esa tropa de familiares cariacontecidos, resignados, conformados, en vías de profesionalización, cada vez más entendidos en la materia, colectivo del que ahora mismo formo parte, del que participo de forma vergonzante cuando pienso que el sufrimiento también cansa, que mejor te vayas de una vez. Y sé que más tarde sentiré haber tenido este pensamiento, pero ahora mismo me duele demasiado verte así, demacrado e indefenso, sabiendo hasta qué extremo es imposible evitar lo inevitable. Aunque también sepa que en este compromiso ante la muerte, en esta rendición en toda regla, viene incluida a partes iguales la urbanidad de la resignación y la liberación de la dolorosa espera, la bienvenida a la rutina del día a día –la vida sigue, dicen, no sin razón-, a la pacificadora costumbre, al sosiego de la derrota, el problema del coche mal aparcado y el inminente pago del plazo de la hipoteca, el engañoso consuelo de varios días de llamadas y visitas de los más rezagados o lejanos. Y sé que eso se impondrá inevitablemente, que será incluso agradecido. Y, de pronto, todo eso ni siquiera me parecerá obsceno. Y por eso mismo me parece que ya nada será igual.
Fotografies de Ferran Jordà: UMB - Big Foot
del àlbum Umbrellas/Parasols Challenge, 3 de desembre de 2006
Galeria de Ferran, 8 de novembre de 2011
Aquests moments que voldríem que no s’acabessin mai (per na Maria J. Mann)
Aquesta va per tu Maria, se que avui elegiries color, és tardor, i en gris ja sabem, no...








