Josep Ramoneda: “Shhh! Nou Teatre. L'estil CCCB
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- Categoría: Otros mundos (Juegos, opiniones, ocurrencias y miscelánea)
- Publicado en Jueves, 17 Marzo 2011 20:42
- Escrito por cronopio
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¿Qué hace uno cuando se presenta a las 19,00 horas, una tarde lluviosa de marzo, en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) dispuesto a rentabilizar al máximo esa hora que va de las siete a las 8 PM, punto horario límite de sus exposiciones, procurando sacar el máximo provecho de las dos anunciadas en este Web por García Ferrer: “Desapareguts” y “La Trieste de Magris”? ¿Qué pasa, insisto, cuando uno comparece a tan justa hora para enterarse que - excepcionalmente - las “expos” han cerrado a las 7 porque treinta minutos más tarde se inaugura, con bombo y platillos, la nueva ampliación del centro, es decir el “Oh! (nou) Teatre CCCB”, 3.164 metros cuadrados más - para ser exactos, el 30% más de los que tiene ahora – de los ya existentes, además de averiguar, tras una breve pesquisa, que las obras de reforma han sido dirigidas por los arquitectos José Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres, que empezaron en mayo de 2008 y que ahora mismo van a ser inauguradas por Ramoneda, Fogué Moya, Jordi Martí y el omnipresente Ferran Mascarell?

Pues hago lo que el buen mozo del mostrador me sugiere: que aproveche el paseo y ya que estoy aquí -y aquí he llegado-, le dé una ojeada (¡Por favor, no volvamos al boca-oreja, por favor!) a la susodicha inauguración. Y lo mejor de todo es que voy y le hago caso. Subo un par de escaleras mecánicas mientras admiro el interior del nuevo y galante (esta es la palabra exacta) edificio. Allí, en el discreto escenario, me encuentro con los viejos “camaradas”: Josep Ramoneda, Director del CCCB (sin exagerar, o puede que un poco, después de los añorados Haro Teglen y Monolo Vázquez, el faro de lo que queda de nuestros espíritus críticos). Es decir, Que menos lucido (que no lúcido) quizás que los mencionados, ya que no en vano estamos en tiempos complejos (¿o debería decir confusos?) en los que esclarecer y dilucidar los buenos de los malos, nos lleva a los regulares y de ahí a la mencionada confusión se hace cada vez más difícil. 
También me encuentro con el nuevo conceller de cultura Ferran Mascarell, el mismo, aunque treinta años más viejo, con el que hace justo cuarenta (!) años rotulaba carteles de Bandera Roja en el suelo de su casa para, al día siguiente, “colgarlos” en las paredes de la facultad de Filosofía y Letras. No apunto esta anécdota con la pretensión de realizar ninguna valoración moral al respecto. Como todo el mundo sabe, muchos “banderas” pasaron al PSUC y luego muchos “psuqueros” hicieron lo mismo con el PSC. Nada que objetar. Yo entonces era un melenudo que resistía con presunta gallardía los mamporros de los grises y ahora ando medio calvo y me da pereza ir a las manifestaciones. Cada uno es cada cual y sabe lo que sabe.
Procurando saborear al máximo el evento, miro y remiro el nuevo edificio. Se han conservado las antiguas molduras heráldicas de yeso del antiguo teatro de la Casa de la Caritat y aprecio su afortunada (pienso) e irregular arquitectura. Y puestos a ver las cosas por el lado positivo, agradecido que es uno, aplaudo como todos el aguerrido discurso de Olé Ramoneda, un discurso izquierdoso como se decía antes, reconfortante en todo caso dada la vacuidad de las peroratas y pamplinas con las que nos obsequian los políticos de ahora, tan poco acordes con la realidad que nos abruma y contamina que en lugar de sentirnos como un tsunami surgido de un terremoto más bien nos sentimos como un pulpo en un garaje.







