La neurastenia
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- Categoría: Musicopedia
- Publicado en Jueves, 06 Enero 2011 07:33
- Escrito por cronopio
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Cuando los Beatles gravaron "Love me do" yo tenía once años y los tiempos estaban cambiando. En ese mismo año se produjo la gran nevada en Barcelona el día de Navidad. Cuando, al día siguiente intentamos salir al pasillo exterior que daba a la calle nos encontramos con que la nieve alcanzaba un metro y medio de altura y bloqueaba completamente la puerta.
Muy probablemente las primeras canciones de los Beatles las escuché en boca del guaperas de los Mustang, Santi Carulla. Los Mustang, un grupito local al estilo mod británico (que todavía andan por ahí dando bolos) eran por su aspecto y sus costumbres “elegantes” los antagonistas naturales de los rockers, aunque los españolitos no estuviéramos para tales sutilezas. No lo hacían nada mal, he de reconocerlo, aunque los aprendices de frikis de la época los machacásemos sin piedad. En realidad, lo que nos fastidiaba era que eligieran las canciones de los Beatles más pegadizas y engomadas. Aunque, afortunadamente, existían otros mundos.

Es decir, estaban Los Salvajes: un grupo impresentable en cuanto a modales y aspecto con los que yo sintonizaba a tope, sobre todo cuando se descolgaban con aquella canción de los Rolling Stones que llevaba por título La neurastenia. Aunque, como no se cortaban con el rollo anglosajón también componían sus propias canciones. Y es que eran como eran. Ya lo decían: Soy así:
Con patillas largas,
estrecho pantalón,
un jersey a raya
saunque llame la atención.
Soy así, soy así, soy así.
Toco la guitarra con satisfacción,
bailo a mi manera
aunque llame la atención.
Soy así, soy así, soy así.
Un traje de Al Capone,
chaleco Eliott Ness;
yo viajo en metro
y me toman por inglés.
Soy así, soy así,
soy así, soy así.
En aquellos tiempos, los Beatles eran Los escarabajos, unos repelentes melenudos que provocaban un rechazo visceral en nuestros padres, tíos, familiares y vecinos, pero también en nuestros profesores y tutores; en los guardias urbanos y demás turba infame.
Los que mejor ilustraban a los Beatles eran los Brincos, con canciones como Ticket to ride, que en castellano se tituló Un billete compró. Eso es lo que yo quería, un billete para el Norte, por favor, y pies para que os quiero. De momento, nos hicimos acérrimos partidarios del rithm & blues, por eso mismo nos tomamos nuestro tiempo en “perdonar” a los escarabajos de Liverpool que compusieran aquellas cancioncillas para la galería, tan bobas, como Ob la di, ob la da, o, pongo por caso, El submarino amarillo. El éxito de esta canción empezó a resultar alarmante: los niños cantaban a sus mamás: Amarillo el submarino es, amarillo es...
Cierto que los Beatles fueron ese hermano mayor con el que vas creciendo, al que respetas y admiras pero a quien, en el fondo, deseas desbancar de su pedestal. Cosas del señor Freud: es terrible ver a tu hermano mayor abandonándose a ciertas frivolidades de la vida mundana. Con todo, nada de eso impidió que acabara considerando Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band el rococó de mi juventud.









