“Le Monde Diplomatique” y la caña de pescar de Lluís Casassas
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- Categoría: Días de libros, música, cine y vino
- Publicado en Domingo, 12 Febrero 2012 20:20
- Escrito por J.M. García Ferrer
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Una asignatura que impartía Lluís Casassas se llamaba “Espais i Societats”. Eso le permitía hablar en ella de lo que quisiera. Creo que fue en una de las clases de esa asignatura, allá a principios de los 80, cuando echó el anzuelo:
- Nadie que se otorgue el nombre de universitario debe dejar de leer “Le Monde Diplomatique”.
Por aquel entonces, casi por casualidad, yo conocía la publicación, que se editaba únicamente en su versión francesa. En la empresa se recibía, y me la pasaba para que la leyera tranquilamente en casa Olga, del departamento de comunicación y amiga. Como me pasó toda la vida, por ejemplo, el suplemento cultural semanal del diario suizo “Le Temps”.
Pero debo ser sincero: Yo miraba solo un poco por encima sus titulares, para concentrarme en el artículo sobre cine (del tercer mundo, principalmente) que entonces escribía allí Ignacio Ramonet. De hecho, Olga pasó a darme únicamente una fotocopia de esa página cuando un personaje del departamento jurídico (que merecería él solo un libro, pero ésta es otra cuestión), que resulta que acababa coleccionando la publicación, se quejó amargamente de que, desde hacía un tiempo, todos sus números le llegaban con un agujero por el final, producto del recorte del artículo de marras.
La empresa supongo que tenía una suscripción de “Le Monde Diplomatique” porque en aquel momento era la publicación a leer si uno quería estar realmente informado del trasfondo de todo lo que pasaba a lo ancho del mundo. No tenía lo de “diplomático” en el membrete de forma gratuita. Era una publicación que no faltaba en ninguna embajada del mundo. El cuerpo diplomático, que entonces todavía tenía el francés, en buena parte, como idioma de cultura, la consideraba imprescindible para su mundo.
Hace mucho que la suscripción que tenía mi empresa de “Le Monde Diplomatique” se dejó de renovar, como reflejo -¡ay!- de la evolución que estaba habiendo en las empresas de su categoría, y en el mundo de los negocios en general. Porque debo precisar que la decisión de dejar de renovar su suscripción se tomó incluso bastante antes de que pasase a ser una especie de publicación sostenedora de las ideas altermundistas…

Ayer recibí en casa el número de febrero de “Le Monde Diplomatique”, ahora en español. Como siempre hago antes de dejarla apartada, en espera de un rato tranquilo para su lectura como merece, abrí expectante su envoltorio, miré un poco por encima su editorial (el artículo –habitualmente de Ramonet- de primera página), y las diferentes cabeceras y entradillas de sus artículos. Vi que se trataba de un número que prometía, y me propuse escribir una entradilla en el Facebook para incitar a su lectura. Pero luego me lié, y más tarde vi que la cosa daba mejor para este artículo de “Morsa dice” que estoy escribiendo ahora.
Tras la espoleta accionada por Casassas, debo decir que, presto a darme un barniz que luciera en charlas de terraza frente a una cervecita, me suscribí y me fui hundiendo con los diferentes intentos de sacar la revista en castellano, con su propio nombre o con otros (recuerdo ahora el de “Cuatro semanas”, de efímera vida). Una práctica, esa de suscribirse y hundir la publicación suscrita, que frecuenté en esa época con numerosas revistas, todo sea dicho, hasta el punto que, cuando ojeaba en un kiosko una nueva, los de casa me preguntaban si no me sabía mal crear otro infortunio, ya que seguro que, si me suscribía, la iba a hundir.

Pero veo ahora que no ha sido el caso (toco madera) de esta edición española de “Le Monde Diplomatique”, ya que ha llegado hasta nada menos que el número 196, haciendo que casi no quepan sus ejemplares leídos en el armario en el que los acumulo.
Es verdad que ha cambiado, que ya tan sólo de tanto en tanto es la publicación aquella que ofrece un artículo de fondo, bien informado, sobre la situación política, económica y social en un país africano, por ejemplo, convirtiéndose en un elemento de peso, a tener en cuenta, antes de cualquier viaje. Es también verdad que, a la vez, van desapareciendo –quizás para dejarlos en los atlas que también publican- esos magníficos mapas que informaban con su detalle tanto o más que los textos a los que acompañaban. Pero sigue ahí, dando ocasionalmente artículos que es difícil, por no decir imposible, encontrar en otras publicaciones. En el número de este mes, por ejemplo, entre otros, el artículo de Ramonet habla de “El año de todos los peligros”, por motivos obvios, pero sobre todo centrado, con su habitual fluido razonamiento, en el conflicto Israel+USA / Irán; otro artículo que tengo por la mitad habla de “Suez entre salafismo y revolución”; en otro lado se “celebra” el décimo aniversario del invento del euro, dando un repaso crítico a la cuestión; se hace incidencia en cierta censura y práctica inquisitorial actual; se conmemora el cincuenta aniversario de la masacre de Orán; se refleja la evolución política actual de la antigua Birmania; etc. ¡Ah! Y como se trata de la edición española, aunque esta vez Ramón Chao no hace su crítica personal de ningún libro, dedica unas pocas líneas al recuerdo de Isaac Díaz Pardo.
Supongo que las deben pasar canutas para sobrevivir. Veía que últimamente sus casi únicos anuncios – aparte de los de otras ediciones suyas- eran de Bancaixa, por lo que posiblemente su precariedad se agudizará ahora. Por todo eso, y como suelen exponer de tanto en tanto, si se quiere mantener un medio independiente, que cree que, en vez de lo que prima hoy en día, precisamente lo que se necesita es un medio que ofrezca lectura larga y meditada, para la reflexión, lo que les iría de perlas es tener más suscripciones…








