Escribir la luz, coleccionar el mundo

“Que la fotografía salve del olvido las ruinas colgantes, los libros, las estampas y los manuscritos que el tiempo devora, las cosas preciosas cuya forma va a desaparecer y que piden un lugar en los archivos de nuestra memoria..."
Con esta cita de Charles Baudelaire arranca la editorial de Lorenzo Saval para el número 250 de la revista andaluza de poesía  Litoral”, un número destinado a ser pasto de coleccionistas, que tienen en él un libro extraordinario sobre fotografía, y con extraordinarias fotografías.
Como libro de historia que también es, empieza por el principio. Para ilustrar el poema de Alexis Díaz-Pimienta “Yo también pude ser Jacques Daguerre”, centrado en él, la publicación inserta uno de los primeros daguerrotipos, impresionado por el mismo Daguerre en 1838. Se trata de una vista del Boulevard du Temple, en París. Como es sabido, en sus orígenes, y de hecho durante buena parte de su primer siglo de vida, la fotografía precisaba de un tiempo de exposición muy largo. Hasta bastante después no aparecieron personas en las fotos, siendo los motivos originalmente de “vistas”, sin gente. Cuando los fotógrafos empezaron a hacer aparecer en sus obras a personas, éstas solían estar plantadas, inmóviles, solas o en grupo, ante un decorado o bien delante del verdadero objetivo: una casa, un monumento, etc. De vez en cuando se escapaba por el encuadre un perro, o incluía un niño que no podía quedarse quieto, y quedaban borrosos, tan sólo unos trazos impresión de movimiento. Pues bien: En ese desierto boulevard que Daguerre quiso impresionar se coló una persona, que estuvo haciéndose lustrar los zapatos el tiempo suficiente como para aparecer retratado, mediante una figura relativamente clara. Fue el primer retrato fotográfico humano… La cosa es, desde luego, lo suficientemente evocadora como para dedicarle un poema y muchas cosas más.
En un primer repaso histórico, a los tiempos de los primeros fotógrafos, ya queda remarcado ese bestial poder inmortalizador que la fotografía –o el cine, como intentó trasmitir José Luís Guerin en su “Tren de sombras”- tiene. Lo dice en su artículo, por ejemplo, Publio López Mondéjar: “Las ciudades de todas las geografías que mostraban los primeros fotógrafos viajeros, los ámbitos abolidos por la implacable severidad del tiempo, las personas fotografiadas a lo largo de los años, han ido progresivamente desapareciendo, pero sus imágenes permanecen inalterables ante nuestra mirada gracias al milagro de la fotografía”.
Una de las partes imprescindibles de la revista, producto de un (que se supone impresionante) trabajo de búsqueda, corresponde a frases que los grandes nombres han dedicado a la fotografía. No me resisto a transcribir algunos, pero incitando a leerlos todos en “Litoral”:
Uno sería esta certera comparación de Unamuno, pensando en esos estudios de fotógrafos a los que iba uno a ser retratado: “¿Habéis visto nada que se parezca más al gabinete de un dentista que el gabinete de un fotógrafo? En el uno sacan muelas; en el otro sacan retratos”.
Varias greguerías de Ramón Gómez de la Serna son profundamente evocadoras:
- “Álbum: cementerio de pensamientos perdidos”.
- “En los cristales del ferrocarril nos hacemos la fotografía más efímera del mundo”.
-“El ideal del aficionado a la fotografía es poseer la mejor máquina para hacer fotografías de miserables”.
Un trozo de un poema de Miguel Hernández incide en ese socio de la foto que es siempre el tiempo: “Sigue, pues, sigue cuchillo / Volando, hiriendo. Algún día / se pondrá el tiempo amarillo / sobre mi fotografía”.
Y un hachazo sobre otro de Justo Navarro, titulado “Foto”: “Grises y blancos: / sólo papel, me mira / hoy mi pasado”.
Un trozo de un verso de Carlos Barral: “Ni siquiera amarillas, / opacas y más tristes, como suelen / enfermar en los álbumes.”
O varios aforismos entresacados entre los escritos de Susan Sontag:
-“Las fotografías, cuando se ajan, ensucian, manchan, resquebrajan y palidecen, conservan un buen aspecto; a menudo mejoran”.
-“Coleccionar fotografías es coleccionar el mundo”.
-“La fotografía es, por su misma naturaleza, una manera promiscua de ver”.
Una premisa ética para obtener una buena fotografía, dictada por Henri Cartier-Bresson: “El fotógrafo no puede ser un espectador pasivo, no puede ser realmente lúcido si no está implicado en el acontecimiento”.
Robert Capa lo dice de forma similar: “Si tus fotografías no son buenas es porque no te acercaste lo suficiente”.
Ya casi ha desaparecido de las librerías, porque no es una absoluta novedad, pero antes de que se agote, yo buscaría esta revista/libro. Es, desde luego, un elemento imprescindible para quien se sienta atraído por este mundo de la fotografía.
Una idea recorre todo el libro, que va presentando, a modo de antología, magníficas fotografías de una retahíla interminable de grandes fotógrafos: que no se trata de lograr fotografías técnicamente perfectas, sino de trasmitir algo de verdad. Ansel Adams lo dijo así: “No hay nada peor que una imagen brillante de un concepto borroso”.
“Litoral” nº 250. Escribir la luz. Fotografía & Literatura. 2010. Número coordinado por Antonio Lafarque y José Antonio Mesa Toré. Con interminables e imprescindibles textos y fotografías de muy variados escritores y fotógrafos, constituyendo, entre otras cosas, una historia ilustrada de la fotografía muy recomendable.
Fotografías incluidas:
-Portada del libro/revista
-Man Ray. “Lee Miller” (1929)
-Manel Esclusa. “Retrato de paisaje interior VII” (1995-2000)
-Louis Jacques Mandé Daguerre. “Boulevard du Temple” (1838)
-Alexander Gardner. “Lewis Payne” (1865)

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