Brangulí ofrece como trescientas razones para visitarlo, pero tiene un millón
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- Categoría: Días de libros, música, cine y vino
- Publicado en Sábado, 11 Junio 2011 11:45
- Escrito por J.M. García Ferrer
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Brangulí. Barcelona 1909-1945.
Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
Hasta el 23 de octubre de 2011
Los comisarios intentan establecer un discurso sobre la autoría de Brangulí, pero yo, nada más entrar -¡qué queréis que os diga!-
me he olvidado de eso y me he sumergido en
las fotografías y en la recuperación de la vida de la época que posibilitan.
La oportunidad es única, de las que ya se acaban. La Fundación Telefónica, quizás convencida al ver unas pocas fotografías que la tienen por protagonista, paga el ímprobo trabajo de escarbar entre el millón de negativos de ese estudio, positivando para la exposición unas 300 que, por primera vez, gracias a que lo permite la técnica actual, pueden presentarse en copias enormes, pero sin perder ni una pizca de la extraordinaria nitidez de las pequeñas copias originales. El resultado es espléndido. Y se llegan a descubrir cosas que habían desaparecido del conocimiento público, como si ahora hubieran resucitado. La nitidez de las copias acerca hasta el detalle revelador, como ese letrero bajo un cuadro que ha permitido saber a los de la Sala Parés que hicieron una exposición de homenaje a una determinada pintora.

Hay de todo en la exposición del CCCB, que se ve que primero ha pasado por Madrid, y que esperemos que siga dando vueltas por ahí. Se inicia con imágenes de la Semana Trágica, que permiten, a un iletrado como yo, saber que no fue un tema únicamente barcelonés, como atestiguan las fotografías de Manresa, o Sabadell. Pero quien crea que va a recorrer una exposición de imágenes de hechos históricos del periodo, se equivoca. Es mucho más que eso.
“Brangulí. Barcelona 1909-1945” es el nombre de la exposición, marcando un límite temporal a algo que podía haber sido incluso más extenso. Efectivamente, Barcelona fue durante casi todo el siglo XX el campo de actuación primero de Josep Brangulí, y luego, hasta el cierre del estudio, de sus dos hijos, Joaquim y Xavier. Todos ellos fueron formando un impresionante archivo, clasificado por temas, que fue adquirido en su totalidad por el Arxiu Nacional de Catalunya en 1992. Una selección de fotografías de unos cuantos de estos temas es la que se presenta en el CCCB.Dicen los comisarios que el caso de Brangulí es casi único, quizás con el único parangón de Alfonso en Madrid. Toda la estructura civil catalana presenta un tajo enorme en 1939. Los fotógrafos de prensa de la República desaparecen. Sólo Brangulí sigue haciendo y publicando fotos por aquí. Es de esta manera que, después de fotografías suyas como las de la exhibición de momias delante de conventos, o las de milicianos yendo al frente, la exposición puede presentar imágenes del recibimiento que Barcelona hizo al Conde Ciano, o de unos actos enfatizados, otros protocolarios, marcados potentemente por camisas azules. También, y es magnífico poderlo ver ahora, presenta fotografías francamente curiosas de intercambios de prisioneros de la guerra mundial en la Barcelona de los años 40. Pero antes han ocurrido y se han retratado muchas cosas...
Por 1909 las fotografías de exteriores siguen haciéndose con un tiempo de exposición muy largo. Tras las de la Semana Trágica nos reciben otras de las calles de Barcelona, en las que ciertas figuras permanecen estoicamente inmóviles, pero otras, como las de niños, claramente borrosas, porque no han sabido estar quietos mientras el objetivo de la cámara ha estado abierto.

La Exposición Universal de 1929 fue algo extraordinariamente sofisticado, a la vez que popular. Sé que la familia de mis abuelos paternos se desplazó desde Andalucía para verla. Debía ser como asistir a todas las novedades mundiales, estar unidos por un tiempo a la modernidad. Modernidad es precisamente lo que transfieren las fotos de Brangulí sobre los nuevos espacios construidos para albergar los pabellones. Pero también hay una serie de fotografías que explican las razones por las que, desde luego la Exposición Universal, pero también las Ferias de Muestras, eran tan extremadamente populares, y atraían a tanta gente. Me refiero, por ejemplo a los stands de la Feria Oficial de Muestras correspondientes a Alaska, a la sazón fabricantes y vendedores de tirantes y ligas, que exhibían orgullosamente su género; o no digamos los de conservas Albo...
Más cosas: ¿Qué tal ver el kiosco de Canaletas de 1915 o, mejor, con todo detalle el propio bar de Canaletas, radiante de luz artificial, en los años 20? Por no decir ese exuberante Restaurante Bar Chocolatería Liceo, que anuncia en toda su magnificencia el cartel.... Sin olvidar, en el otro extremo del abanico social, las barracas del Somorrostro; las escenas de fábricas; las fotografías efectuadas acompañando a la policía durante la República, que parecen sacadas de “El ojo público” (H. Franklin, 1992); o, ya tras la guerra civil, en 1939, esa maquiavélica checa de la calle Vallmajor, que Joan Margarit asociaba no sin razón con el arte contemporáneo.Vamos: que hay unas 300 razones para correr a sumergirse entre todas esas fotografías. Más allá de su maestría, y de si se tratan de fotografías de un enorme autor o no, te resucitan una Barcelona que quizás no has vivido, pero que te atrae de forma deslumbrante.
- Brangulí. Barcelona 1909-1945. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Hasta el 23 de octubre de 2011








