Arturo Monfort: ¡Suerte que no fue nada personal !

 

 

 

Arturo Monfort: ¡Suerte que no fue nada personal !

 

Que si llega a serlo... Así, más o menos, debiera continuarse la frase.

Como voy a estar alejado de por aquí un tiempo, y el alejamiento se hará extensivo al “Morsa dice”, voy a intentar, de una forma lo más rápida posible (obsérvese qué manera más fina de achacar las debilidades y cosas vergonzantes del texto a la velocidad), dejar constancia en plan crónica del magno sarao de anoche.

Se trata a la vez de rendir pleitesía al cronopio alma-mater de este entoldado, porque él, Arturo Montfort, fue el organizador (bueno: más abajo hablamos), materia de estudio y protagonista total de la sesión. Era la presentación en la librería +Bernat de Buenos Aires (de la calle barcelonesa de Buenos Aires, vaya), de su último libro, un conjunto de relatos que ha editado con el voluntariamente equívoco nombre de “Nada personal”.

Por mucho que se empeñara en repetir que eso no era una presentación de libros al uso, la verdad es que la cosa tenía toda la estructura clásica de una presentación de libros: un par de presentaciones, palabras del glosado, firmas de ejemplares y copichuela para los asistentes. Por no faltar, no faltaron ni las fotografías ni –incluso- los reportajes filmados. El personaje es el que marcó la diferencia. Vayamos a ello...

 

Llego cinco minutos después de la hora de la convocatoria, sabedor de los retrasos que acumulan este tipo de actos, y la sorpresa es ver, delante de la librería, y procediendo a entrar ordenadamente, a una numerosísima parroquia. Entrada toda la masa, observo que Arturo está aún en la acera, siendo pasto de una famosa fotógrafa de La Vanguardia. Dentro, el numeroso público se revela como de lo más variopinto, como para hacer un textillo aparte para cada uno de ellos, pero ni sabría ni –como he comentado- tendría tiempo para ello... Hay, sí, familia, vecinos, compañeros de estudios o trabajo, conocidos con nombre público, etc. Por haber, hay hasta el típico señor que, después de haber picoteado algo por aquí y por allá, bastón en mano y el cuerpo algo ladeado, ha explicado historias de lo más diverso a diferentes personas (exilio, campo de concentración, tumor, quimioterapia, desespero con los políticos, y extravío de billete de cinco euros con el que normalmente se apaña).

La presentación del libro corre a cargo de Pedro Ugarte y de Manel Bardavio. Pedro Ugarte, venido expresamente a la presentación desde Bilbao, es autor de poesía, relatos y novelas editados principalmente en Anagrama y, últimamente, en Lengua de trapo (http://www.lenguadetrapo.com/00089-NB-ficha.html). Se da la circunstancia de que, hace ya muchos años, él y Arturo Montfort fueron los noveles autores escogidos entre tropecientos candidatos para formar parte de un proyecto editorial (Mursia) que no se resistía a recorrer los caminos trillados, y que quería descubrir nuevas figuras literarias, pero que, lanzados sus sendos primerizos libros, se disipó por el universo.

Ugarte toma la palabra y, una vez desestimado por aclamación popular un aparato amplificador de sonido que a mí me recordó a los antediluvianos proyectores de cineclubs y que estaba machacando todos los sentidos del auditorio, deja clara su maestría en esto de las escrituras, pues borda la presentación, y básicamente sólo citando una serie de frases, casi todas ellas extraños pensamientos de los personajes o el narrador de los relatos de Nada personal. El efecto de esa introducción, de este entresacado de frases, es avasallador: el público se lanza a comprar el libro y se dispone a pasar el fin de semana leyéndolo, desentrañándolo, cual si de tratado de filosofía del comportamiento se tratase.

Manel Bardavio, Bardinovi, arranca su presentación incitando a la gente a leer en el prólogo que ha escrito para el libro cómo conoció a Montfort. Es convincente. De regreso a casa leo la entrada de su prólogo, con una imagen incorporada muy divertida y señorial, y sí: vale la pena leerlo. Luego engarza una muy bien preparada presentación, que acaba en pregunta.

Para contestar la pregunta de Bardinovi y otra anterior de Ugarte, sale Arturo Montfort de detrás de la mesa. Lo hace cuando ya ha visto que no puede seguir eternamente regalándose los oídos con lo que dicen de él y de su libro. Hay un momento previo, que va de esto, divertido: Pedro Ugarte cuestiona a Arturo Montfort si no será demasiado lo que tiene escrito como presentación, y si debe quizás ya parar. En ese momento Arturo se encontraba en su sillón pero parecía estar en una nube, mirando al techo del local, pero milagrosamente oye la pregunta. Mira asustado a quien se la ha lanzado, le contesta un rápido y fuerte “¡No!” y vuelve a mirar al techo, esta vez con los ojos casi en blanco, y canturreando, suplicando: “¡Más, más, más!”

Bien. Estábamos en que sale el autor de “Nada Personal” al estrado. Allí ofrece involuntariamente una muy plausible explicación de por qué se autodenomina “la morsa”, mucho más verosímil que la explicación basada en la cara B (muy tenebrosa, comenta) del disco de los Beatles. Y es que se pone a bailar ahí en medio. Aclaremos la cuestión: no es que él se ponga en realidad a bailar. Es que, sintiéndose centro absoluto de la reunión, su cuerpo arranca a moverse de forma autónoma, como en cámara lenta, desplazándose de un lado a otro y balanceándose, mientras él va dejando salir con parsimonia las palabras de agradecimiento y explicaciones sobre su escritura de rigor, sintiéndose escuchado, y queriendo eternizar el momento. Hay un instante de cierto peligro, cuando la morsa está a punto de aplastar a la pobre niña que se encuentra en un sofá de un extremo, pero se recupera y se dirige hacia el otro lado, y así.

Los asistentes le lanzan un par de preguntas que no le ponen en ningún brete, y unos aplausos le obligan, muy a su pesar, a finalizar el acto. Pero aún queda un buen rato consumido por la cola de la gente que busca una dedicatoria que el autor quiere hacer realmente personal, totalmente particularizada para el receptor, renegando del título de su obra. Acaba agotado, pero unos cuantos nos hemos confabulado para alquilar, si en algún momento desfallece y le entra algún periodo depresivo, una paradita a instalar en la Rambla de Catalunya, y a unos cuantos lectores que le soliciten –como si fuera Sant Jordi- una firmilla. Todos coincidimos en que debe ser un agotamiento regenerador.

 

 

 

Más cosas: La autora de la fotografía del autor de la contraportada, su agente literaria y auténtica organizadora de todos los detalles del acto (como atestigua esa aproximación suya al interfecto para, a la voz de “¡cariño!”, susurrarle un detalle sobre la distancia adecuada a mantener con respecto al micro) es, que conste para la pequeña historia, Esmeralda García Covo. El magnífico dibujo de la portada, tan adecuado (qué menos personal que un personaje –sic- sin cara) es de Enriqueta Llorca, también habitual de las páginas de “Morsa dice”, que envía una nota que es leída en la sesión, con emocionados recuerdos sobre el autor, que no puedo menos que corroborar: ¡Yo también añoro a esos  magníficos “informes” suyos que vía correo postal alegraban el buzón con sus pegatinas y fotos, y la tarde con su lectura! Recuerdo ahora que hasta todo un Joan de Sagarra, por ejemplo, me valoraba esas misivas que, decía, le sorprendían de tanto en tanto en su casa, y que le llevaron a leer con apremio su anterior libro, “Yo soy la Morsa”. Desde la añoranza de esos magníficos informes  (que no estaría mal, sino muy bien, recopilar y mostrar en una posible Fundación Arturo Morsa Cropopio Montfort, por ejemplo), hay que –no obstante- dar el salto a un soporte más convencional como es el libro, y entrar a bucear entre los doce relatos del libro. Más que un desconcierto, pero también más que una sonrisa están asegurados.

 

 

 

 

Pasados los siete bíblicos años calculados y señalados por Bardinovi, más. 

 

Fotografías:

- Portada de “Nada personal”, con ilustración de Enriqueta Llorca

- Fotografía de la contracubierta del libro (de Esmeralda García Covo)

- La agente literaria y organizadora de eventos Esmeralda García Covo (Fotografía de Arturo Montfort)

-  La Morsa, descansando y recuperándose del agotamiento de este último mes largo, culminado en la presentación de la librería +Bernat (fotografía de Esmeralda García Covo)

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