“Queridísimos intelectuales”: como un “Gran Hermano”, pero con gente que te interesa

Pensando justo en eso, dijo Carlos Cañeque -realizador, guionista y músico de “Queridísimos intelectuales” (2010), además de escritor y profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona-, que se le ocurrió hacer este documental que cuestiona a diez conocidas personas sobre el placer y el dolor. La idea es más que válida. Viendo la absoluta falta de interés de lo que vomitaban a espuertas esos eternos encerrados en plan comuna, llegó a imaginarse qué diferente podría llegar a ser la cosa si los bloqueados en el plató fueran gente de un cierto nivel intelectual, que hablasen de cosas básicas, pero que a todos asaltan.

Finalmente no se formó la impensable comuna, pero Cañete entrevistó por separado inicialmente a unos cuantos amigos, y a partir de conocidos de éstos, alcanzó a tener una decena de “ponentes” (1). En su Final Cut entrelazó luego las entrevistas, poniendo un fondo de imágenes de su mujer – Maite Grau- y musical propio.

Va uno últimamente tan ávido de escuchar entrevistas sólidas (2), que no digan siempre lo que se piensa oír, que todo ese vestido elaborado para dar cuerpo cinematográfico a la función me resultó inicialmente superfluo, minutos restados a lo que tenían que decir los cinco o seis personajes más interesantes escogidos. Luego, no obstante, reconocía que era necesario espaciar un poco, poner todas las cosas que van diciendo en un magma como ese, que ayuda a la digestión, dotándolo de forma global.

Y los hallazgos son muchos. Quizás el principal ver a ese fenómeno imprevisto que es Carlos Moya haciendo, como resaltó Rubert, un retrato generacional de todos aquellos que pasaron por todo lo que destacó en los 60 (amor libre, drogas...). Moya gesticula un montón, pero es además inapreciable para una entrevista. No hace falta montar sus entradas para dotarlas de suspense, puesto que sus intervenciones traen incorporada la intriga. Parece que se vaya por las nubes, pero lo que está haciendo es un loop de biplano acrobático, para volver a aterrizar en el sitio preciso al que se dirigía. Divertido, parsimonioso, cigarrillo en mano, haciendo cómplices... Todo un hallazgo.

Rubert de Ventós sigue la pauta de sus siempre interesantes intervenciones, haciendo notar el peso de aspectos aparentemente banales. Soltando, en esta ocasión –o así me lo pareció- muchas cosas personales, de esas que se guardan para uno. Me dejó perplejo cuando explicó que se guardó la barba que había afeitado a su padre los dos últimos días de su vida. También impresionante no queriendo conocer a un Dios que permite una serie de cosas rastreras (halladas con una mirada ciertamente particular) que enumeró.

Fue Rubert también quien señaló, como un momento más impresionante, la declaración que hizo Carrillo de que los aviones que atacaban en el frente de Madrid volaban tan bajo que les podían ver el rostro. Carrillo, por lo demás, y como si una novela de Marsé en la que apareciera el Roxy se tratara, desveló –lo recalcó muy bien Gubern- que iba al cine no a ver la película de turno, sino a masturbarse mutuamente con su novia.

Gubern hasta divertido sentando cátedra de lo que le echen, en su papel.

Savater citó, entre otras muchas, y de forma aproximada, cuando venida a la conversación, aquella cita excelsa del lord inglés que respondía por qué no había vuelto al dormitorio matrimonial después de cumplir a la primera el precepto de tener descendencia: “La postura es ridícula, el costo desorbitado, el placer mínimo (por momentáneo)”.

Y el film hasta sorprende, haciendo descubrir a un Tomeo –que disertó sobre las diferencias entre Nosferatu y Drácula- atento a lo que pesca yendo en autobús, como ese niño que preguntaba a su madre si de la página del libro leía lo negro o lo blanco. Claro que más sorprendió el coloquio posterior, en el que él mismo confesó que la anécdota era prestada.

Una sesión a recordar, la de este preestreno en la Filmoteca.  

(1) Nuria Amat, Santiago Carrillo, Román Gubern, Carlos Moya, Elena Ochoa, Fernando Savater, Luís González Seara, Antonio Soler, Javier Tomeo, Xavier Rubert de Ventós.

(2) Ojalá Xavier Juncosa pudiera volver con sus series, como aquel repaso al estado de la inteligencia de una generación que fue su monumental película sobre Manuel Sacristán

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