A Isaki Lacuesta, en “La noche que no acaba”, no le interesaban más las actrices.

Marcos Ordóñez
Beberse la vida
Ava Gardner
en España
- “No me zacaron a mí, porque interezaban máz las actricez”- Dice un camarero enseñando una foto en la que él (sólo un brazo por detrás) está sirviendo algo a Ava Gardner y ahora no sé si a Lucía Bosé, ambas radiantes.
Ésta era –que duda cabe- una de las posibilidades de la película “La noche que no acaba” (2010), que Isaki Lacuesta, basándose en el libro sobre las estancias de Ava Gardner en España “Beberse la vida” de Marcos Ordóñez, guionizó y finalmente dirigió para TCM. Isaki, no enfocando su interés principal en la actriz, podía haber puesto su punto de mira, de la forma en que en cierta manera hizo en su libro Marcos Ordóñez, sobre ese fondo difuminado de extras, figurantes, actores secundarios, gente de la producción, que poblaban los rodajes y juergas de Ava mientras iba bebiéndose la vida en España.
De alguna forma, siguiendo el libro, o las anécdotas más famosas, lo hace. Por ejemplo, ancla su barca durante mucho tiempo en la increíble Tossa de Mar de los años 50, descubriendo a un pescador que aparecía de crío en un fotograma del film, a un fotógrafo del pueblo que se hinchó de hacer fotos al cast de “Pandora y el holandés errante” (Albert Lewin, 1950) sin ningún reparo, a la gerente del hostal...
Pero yo diría que Isaki está realmente más interesado por otra cosa, por algo que marca en seguida la comparación entre la foto de la Ava Gardner de su primera película en España y la del rodaje de la última.
Del libro de Marcos recuerdo la gozosa escena -para mí quizás la mejor, la que deja más y mejor recuerdo- en que, saliendo de un local nocturno, Ava se descalza y, buscando un medio de llegar a su casa, para a un camión de la basura. Se coloca en el pescante, entre los dos basureros, el conductor del camión y su ayudante, quienes dejando su tarea aparcada, la llevan más contentos que unas Pascuas, recibiendo finalmente un beso cada uno como gratificante recompensa.
La película de Isaki parecería que iba a sacar punta de forma similar de una escena de “Pandora” (invisible de tan oscura) en que Ava se desnuda y nada de esta guisa de noche por la cala de Tossa, hasta dar con la barca del holandés. La que le dobló en la escena narra cómo lo hizo, y uno se regocija pensando cómo pudo desarrollarse tal cosa en 1950. Pero ahí no acaba todo. La escena sigue de día, mostrando como la doble sale del agua... con 60 años de más.
No es que no salgan guapísimas en foto o película Ava (no en vano nos dicen que Lewin estaba enamorado de ella, y no hacía más que sacar uno y otro primer plano de su juvenil rostro) o la misma Lucía Bosé, entonces reciente Mis Italia, pero todo ello viene complementado con la imagen actual de la actriz, pelo tintado de azul, y la cosa da para negras reflexiones. Como la que puede ocasionar la confrontación a día de hoy de las dos actrices que ofrecen la voz en off: Ariadna Gil y Charo López, escogidas de forma no inocente.
La crueldad resultante de la apuesta de Isaki Lacuesta, que deja lo reconfortante de la revisión de tanta cosa viva y hermosa algo aguado, tiene, creo yo, una razón de peso. Para mí, él es demasiado joven como para saber que está jugando con algo más que con una cuestión estética, de planteamiento cinematográfico. Los años, desgraciadamente, curan todo esto. Y ya tendrá tiempo de ver desde otra perspectiva lo que seguramente fue la esencia de su retoque del guión cuando supo que era él quien iba a rodarlo. En ese momento ya podría hacer otra película que, sin ocultar el paso del tiempo, yo creo que dejaría clara la alegría por lo disfrutado.
Mientras tanto, esperando a esa otra película, la noche de juerga que preconizaba el título de ésta se ha convertido en la que sigue, irremediablemente, al ocaso.

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