Búhos, escarabajos y otros, ya sin Enric Gelpí

Mis hermanas tenían colgado de una pared de su habitación un peculiar calendario de escarabajos, en el que un flamante escarabajo pelotero, arrastrando su bola, lo presidía todo. También creo recordar que, por un estante, había un pequeño búho de madera, que no sé si hacía o no las veces de lapicero.

El otro día, atravesando con mi primo Santa María del Mar para refugiarnos de la tormenta, él vio algo que le hizo venir otra imagen a la cabeza, y me comentó que acababan de enterrar a Enric Gelpí, con el que estaba emparentado.

 

Lo dijo como de pasada y, tras asegurarme yo de que se trataba “del de los calendarios” y torcer el gesto, ya no se habló más del asunto, pero la verdad es que me supo muy mal la muerte de un tipo que, sin conocerlo de nada, me caía, por lo que había oído de él, la mar de bien.

  

Pese a que, como digo, me atraía el personaje que se aparta de todo, y va a vivir en el campo casi como un ermitaño, dedicándose a elaborar sus calendarios y esculturas de bichos, no sabía ni qué pinta tenía, porque ni siquiera había visto una fotografía suya. Hoy he accedido a internet y, las más de las veces reproduciendo de forma milimétricamente idéntica las frases que distribuyó la Agencia Catalana de Notícies al constatar su muerte, he visto un montón de webs de la red catalana que reproducen la noticia, pero sólo he podido obtener las dos imágenes recientes que traslado. En ambas está él con una especie de túnica de monje (o así me lo parece) y pegado a una pipa que parece serle indisociable. En la entrevista, se queja de que se da la tremenda contradicción de que hasta aparece en la Enciclopedia Catalana, pero que nadie le compra su producción. He ido a la Enciclopedia y, efectivamente, ahí está su entrada, con los datos que veo que son los que han servido básicamente para nutrir la nota de la agencia.

 

 

 

 

 

 

 

He encontrado también una entrevista del Punt Diari, de por 1990, con una foto del momento en blanco en negro en la que Enric Gelpí está ya con la pipa en la boca, sentado en su casa delante de una colección de radios y televisiones antiguas. Pero no he sabido recuperar la fotografía y, además, luego ya no he podido acceder, por mucho que lo he intentado, a esa página.

 

Me sitúo mentalmente ahora alrededor de la casa donde le he visto en la foto. Es por la noche, y una lechuza parece desconcertada. A saber qué notarán los escarabajos y demás bichos, haciéndose los amos del lugar.

 

La fotografía con él más en primer plano no he sabido quién la sacó. Va firmada únicamente con las siglas de la agencia (ACN).

 

Aquella en que está detrás de una escultura de “mussols” lleva la firma de Ramón Ferrandis.

 

La otra foto, aunque no se ve muy bien, la pongo porque deja ver la apariencia de uno de sus calendarios. La he sacado del blog de la “lectora corrent”. El calendario de escarabajos, de color marrón y –si no me equivoco- fondo naranja, era, no obstante, mucho más bonito.

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