Giorgio Pressburger se trae el Café de San Marcos al CCCB para su “La Trieste de Magris”

La Trieste de Magris.
Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
Hasta el 17/7/2011.
Y, ya puestos, se lo trae como era antes, con mesas de mármol, con los óvalos de las caretas pintadas originales, y sin los cuadros que, temporalmente, afean algunas de sus paredes.
El resultado es espectacular. Se empieza a oír el sonido típico de café ajetreado, el ruido de tazas y platillos entrechocándose y, al rato, se vislumbran las primeras mesas, ocupadas por gente que, sentada ante una mesa de mármol, ojea unos libros sobre Claudio Magris estratégicamente dispersados por ahí. Ya dentro, nuestro especial guía nos habla de un óleo representando a Magris que está siempre en el café –y hoy está entre sus efectos personales en la muestra-, hasta que un día, de repente, desapareció. Era el propio Magris quien se lo había llevado, porque en la librería se iba a dar la voz a un negacionista. El acto no tuvo finalmente lugar, y el cuadro volvió a su sitio en el café.
Con todo, quizás éste de la reproducción del café habitual de Magris no sea el “golpe de efecto” más fuerte de la muestra del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, que, para mí, quizás resida en la reproducción de la Librería Antiquaria Umberto Saba, a la que has de penetrar por una apertura de acceso similar a la de la librería del centro de Trieste. Franqueada la puerta, o incluso antes, el efecto es impresionante.
Hay bastantes cosas más en esta exposición, que retoma felizmente las renombradas exposiciones iniciales del CCCB sobre la ciudad de un determinado escritor. En este caso el escritor es Claudio Magris, pero éste, pese a contar con salas que le evocan a base de sus muebles o incluso su trastero, o con otra sala dedicada íntegramente al devenir de las ciudades de su El Danubio, queda en un discreto segundo término para dejar paso a sus admirados escritores (Svevo, Saba, Stuparich, etc) y a, de forma destacada, su especial ciudad, Trieste.
Giorgio Pressburguer, a su vez escritor y director de teatro, así como autor de versiones cinematográficas de obras de teatro, que ha comisariado la muestra a distancia, enseña dulcemente, pero con poder didáctico, con sonrisa amable en la boca, las diferentes salas. La sonrisa amable la mantiene, condescendiente, con una chica joven que dice no saber quienes son esos negacionistas, y a la que luego pregunta, en la sala del Danubio, si reconoce la Internacional, que suena de fondo... Digo yo que ha dirigido el montaje a distancia porque no creo que hubiera dejado pasar esa extraordinaria Piazza dell'Unità d'Italia, que incluye los magníficos edificios de su entorno y hasta las lucecitas azules que, incrustadas en el pavimento, se dirigen hacia el mar, en un espacio no rectangular, sino retranqueado, que rompe absolutamente toda la idea a transmitir, de una plaza que se pierde en el mar...
Pero eso son minucias. La ciudad de los cafés que han permanecido en el tiempo (para oprobio de otra ciudad como Barcelona, que ha destrozado o dejado caer prácticamente todos los suyos), la ciudad nowhere, con su población mezcla de tropecientos orígenes, la ciudad clave de la psicología y –aunque algo elíptica- la de la antipsiquiatría de Franco Basaglia, están ahí, esperando captar nuevos prosélitos. Si alguien va a ver la exposición, hasta se topará, nada más entrar, con el fatídico bora, que baja fuerte desde el Carso, también presente...
La Trieste de Magris. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Hasta el 17/7/2011.

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