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Categoría: Días de libros, música, cine y vino
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Publicado en Sábado, 05 Febrero 2011 10:50
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Escrito por J.M. García Ferrer
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Una tarde de 2003, en la sala de casa, Francesc Vicens cogió el papel y el lápiz que le ofrecí y nos dibujó a Martí Rom y a mí, con todo detalle, un croquis de la distribución y características de los calabozos de los subterráneos de la “Jefatura” de Vía Layetana de Barcelona. Le habían bajado por las escaleras centrales del edificio, tras unos brutales interrogatorios iniciales, y había permanecido en ellos, subiendo y bajando a los despachos, 28 días seguidos -primero en uno para incomunicados-, antes de su ingreso casi liberador en la Modelo. En aquel edificio tuvo el placer –es un decir- de conocer los métodos de Antonio y luego de su hermano; un, según él, menos impactante Vicente Juan Creix. Desde entonces, cada vez que paso por ahí, superando las barreras visuales de los distendidos centinelas, lanzo una furtiva mirada hacia la rejilla de las escaleras interiores, y me estremezco un poco.
Esta semana había ya alcanzado la centena de páginas del mamotreto de 1200 que, con el nombre de Visión desde el fondo del mar ha editado en Acantilado Rafael Argullol, y el entusiasmo con el que me dispuse a su lectura se había disipado tanto, entre alegorías en reflexiones pomposas y relatos de sueños, que estaba valorando abandonar su lectura y pasar a otra cosa. (Entre paréntesis diré que Argullol, que tanto sabe, debiera saber que los sueños propios son interesantes para uno mismo, pero que su relato aburre siempre enormemente –de no ser, quizás, filmados con imágenes sugerentes- a cualquiera). Pero entonces un giro completo retuerce las páginas del libro, que pasan a hablar de forma directa de la violencia que tiene asociada a la mirada a su niñez (no la violencia a la que le sometió esa sociedad al pobre infante y bla, bla bla, sino los auténticos hechos violentos que él, de niño, fue perpetrando con animales, para pasar a otro tipo de violencia, con sangre, contemplada en diferentes contiendas y –ahí voy- a su estancia y aporreo en Jefatura, también por los famosos hermanos Creix. Ahí remonta el libro, que sigo ahora leyendo con verdadero interés.
Llevo encima un desconcierto grande: Se destruye un monumento –previamente limpiado de símbolos directos- de la Diagonal, prometiendo unos jardines alegóricos que la crisis retrasará eternamente; se envía a un almacén una estatua con forma de señora que guardaba el lápiz del Cinc d’Oros; y todo de cosas así. Todas ellas en la línea de una ley de la memoria histórica que lo que parece es precisamente que quiera hacer perder la memoria. Y, en cambio, el núcleo duro de las acciones bestias policiales de la posguerra, la comisaría de Vía Laietana, sigue ahí, funcionando como sede central de la policía, sin convertirse en museo del horror, de los temores de tanta gente que fue arrancada de sus casas de madrugada. ¿No habría sido mejor erigirla en sede de Memorial Democrático, en vez de remodelar, dejándolo de lo más moderno, todo un edificio de más arriba de la misma calle?
P. D:
- Lo de “Crece, pero no te multipliques” se debe a una afortunada acotación de Joan Oliver, Pere Quart.
- No he sido capaz de encontrar el nombre del autor o de la publicación de la escenificación en comic de una bofetada de Antonio Juan Creix en Jefatura a quien parece ser Miguel Núñez. Cuando menos parece estar asociada a la referencia en El Periódico y otros diarios del libro de memorias de este dirigente comunista, que aguantó palos seguramente como el que más.