Yo remonto, tu remontas, él remonta
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- Categoría: Días de libros, música, cine y vino
- Publicado en Jueves, 27 Enero 2011 21:49
- Escrito por J.M. García Ferrer
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Hay remontes en Barcelona que están muy bien hechos. En el Cinc d’Oros, lado montaña / Besós, hay uno muy fino. Y, de hecho, no todos tienen que ser impercibibles como ese para ser considerados logrados. En ocasiones, un cambio drástico de materiales, de fisonomía, puede no tan sólo ser válido, sino quizás ser lo adecuado. En estilo moderno desatado se distingue de tanto en tanto alguno que provoca envidia cochina por sus intuidas vistas y confort. Por otro lado, el Núvol i cadira de la Fundació Tapies no deja de ser un remonte ingenioso, para igualar alturas, y difuminar feas medianeras de los edificios vecinos.
Pero en Barcelona hay también, y desgraciadamente son mayoría, remontes que te hacen recordar toda la familia del arquitecto que firmó la intervención.
Baste pensar en una calle tan señora como la Rambla de Cataluña, que está muy bien si diriges la mirada a las entradas y los principales de las casas, al suelo, a los tilos. Pero ¿qué pasa si es invierno y los tilos no te ocultan las partes altas de los edificios? Pues que todo el glamour del paseo se echa a perder a base de un estrepitoso concurso alocado de groseros remontes, que aprovechan el metro cúbico de aire hasta el límite, sin ninguna consideración por lo que intentaban más abajo.

Claro que de lo de la Rambla de Cataluña quizás tenga la culpa un periodista de La Vanguardia de los años 60, que llevaba una sección de las páginas de huecograbado del diario, que se llamaba Pequeñas soluciones para grandes problemas. A este prohombre no se le ocurrió nada más, en la época del barraquismo desatado en Barcelona, que ponerse a calcular los pisos que cabían igualando por arriba una calle como la Rambla de Cataluña, y diciendo que se mataban dos pájaros de un tiro: se acababa con el problema de la vivienda y con la fealdad de las alturas desiguales del paseo.
No se sabe si pensar en el candor de un reportero que no había oído hablar del capitalismo ni de la lucha de clases, viéndolo todo como el profesor Franz de Copenhague, o si verlo directamente como un espécimen gemelo a la burguesía que formaba su parroquia, a la que daba temas tontos de conversación. Hubo otros, en todo caso, que siendo los agentes de una especulación desatada, aún pueden mostrar orgullosos sus bases teóricas.
Adjunto un par de fotos de una erupción de éstas observada en la calle Còrsega.








