Casi un canon español de Publio López Mondéjar

El tiempo amarillo
Centro Cultural Fundación Círculo de Lectores.
C/Consell de Cent, 323. 08007
Barcelona. Hasta el 5 de enero de 2011
Hace no demasiado tiempo, saliendo con un amigo de una exposición de fotografías en el MNAC, que no nos convenció demasiado, él, que es un forofo terrible de la pintura, me empezó a pinchar, diciéndome que era normal, porque “la fotografía, en el fondo, no deja de ser un arte menor”.
Tocado en lo más hondo, procurando guardar la serenidad para no saltar al trapo de forma descontrolada, le contesté que ya le avisaría cuando encontrara una exposición que le hiciera darse cuenta de su error. Ya he dado con ella, y le he incitado a visitarla. Espero acontecimientos.
Le he dicho que vaya a la Fundación Círculo de Lectores de Barcelona, donde, con el título de El tiempo amarillo presentan una exposición un tanto escandalosamente sponsorizada (será por cómo ahoga la crisis, digo yo) por las Páginas Amarillas. Igual la cosa no salió como una exposición que buscaba un sponsor, sino que fue al revés –para publicitar las Páginas Amarillas, esta empresa pensó en montar una exposición de fotografías sobre la evolución de los oficios en la vida española-, pero aunque fuera esto último, en cualquier caso tuvieron el acierto de hacer al sabio fotohistoriador Publio López Mondéjar su comisario.
No es que la sala grande, que presenta las fotografías efectuadas desde los años 60 hasta nuestros días, no tenga unas cuantas de máximo interés, pero la verdad es que lo que me ha maravillado, llevándome por un montón de descubrimientos y sensaciones, es lo variopinto expuesto en la sala inicial, que parece entresacado de un canon de la fotografía española, sin que ninguna de las mostradas desmerezca de las demás.
Por ahí se pueden ver, entre otras, una extraordinaria fotografía de 1957 de Manuel Ferrol, conocido fundamentalmente por sus series sobre emigrantes, enseñando las caras que, lanzados a emprender una nueva vida, le mostraban éstos al “minutero retratando en el puerto de La Coruña emigrantes a Buenos Aires”. O a esos peluqueros que recoge en su trabajo Gilabert en 1955. O la sastrería –aún superviviente- de la calle Hospital de Barcelona, que hizo famosa una foto de Català-Roca de 1950. O la extraordinaria composición de ese hombre con bata asomado a una funeraria de Vitoria (Arqué, 1959). O las sutiles diferencias entre las optantes al título de mecanógrafa en esa academia.
O una taberna de Madrid que nos retrató SantosYubero en 1935. O cómo era el taller de una fábrica de cepillos en 1925. O cómo inmortalizó en 1927 Luís Escobar a esos tres vendedores de cuchillos y navajas de Albacete, con su carga colgada delante de su cuerpo, para su completa exhibición. O la prestancia, como si se tratase del portero uniformado de El último, de Murnau, que desprende el del medio de esos tres bedeles uniformados del Museo Sorolla de 1932,...

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