Pero yo no llamaría turismo (interior) a lo de Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez

Turismo Interior

Lumen, Barcelona 2010

Ya es sabida esa distinción entre viajero y turista de que se habla hasta la saciedad. Se efectúa desde el punto de vista del que se cree “viajero”, y resulta casi siempre de lo más pretenciosa.

Pues me da la impresión de que Marcos Ordóñez ha pecado, en el título de su libro, de todo lo contrario. Porque está claro que las tres piezas que conforman su último libro no son en modo alguno “turismo”, en lo que puede tener éste de adocenado, o superficial. En esta ocasión él sí que se constituye en un auténtico viajero, muy alejado del turista del montón que se descubre que es aquél que se autodenomina viajero.

Lo que sí no sobra en el título es lo del interior, pues hacia ahí va dirigido el viaje. Era divertido ver cómo Marcos Ordóñez iba dejando rastro de sí mismo, a veces de forma directísima, otras de forma más disimulada, en todos sus anteriores libros. En éste ya no hay ninguna veladura al respecto. Bueno: la puede llegar a haber en las dos primeras piezas de las tres que conforman el conjunto. Pero ya al principio lo deja claro: Después del eterno (para siempre, vaya) “Pepita forever” coloca una cita de Lewis Carroll, “Si te lo digo tres veces será verdad”, que es evidente que en esta ocasión no se refiere a la táctica política tan bien utilizada en nuestros días (cambiando el tres por no se sabe cuántas más, para tener la seguridad, como en el tema de las pensiones), sino a que las tres “narraciones” (como les llama la contracubierta), pese a  su aspecto, tono y tema aparentemente diferente, tratan de lo mismo.

Puestos a definirlo a vuelapluma, digamos que “Esto no está pasando” es un viaje psicodélico, de dinamismo desatado, con mucho diálogo muy vivo, al mundo mítico de los años 60. Que “Como un policía en un país extranjero”, con forma de exposición de investigación biográfica de un escritor, bucea en la historia de la gestación de ese mismo escritor, convertido para la ficción en mito. Y que “Gaseosa en la cabeza” ahonda, con tan sólo algún juego literario en forma de pie de página, en la historia directa del enfrentamiento del escritor, Marcos Ordóñez, con sus miedos a lo largo de su vida, desmitificándola, descubriendo sin pudor los secretos que subyacen más adentro, por debajo de tanta escritura en muchas ocasiones considerada enormemente fresca, como brotada con facilidad asombrosa.

Compendio de memoria, reflejo de enorme conocimiento teatral, musical, cinematográfico y literario, que salpica las frases de las tres piezas, si el lector ha conocido en algún momento de su vida a Marcos, la lectura de su “Turismo interior” le llevará por los terrenos de los recuerdos a lo mejor olvidados pero ahora revividos con una fuerza extraordinaria. Si no lo ha conocido nunca, si incluso ni siquiera ha leído alguno de sus papeles periodísticos, la lectura de este libro, al margen de zarandearlo, de trasportarlo, de hacerle vivir de forma plástica desde los años 40 hasta nuestros días, seguramente le podrá servir de guía (de los buenos, de los que sin imponerse como presencia ineludible, están ahí para lanzarte a comprender y a hacerte con una mirada) en uno que otro recorrido de turismo (o viaje) interior.

Un turismo interior, éste, que, como los del Inserso, toca especialmente a partir de una cierta edad. La nuestra, qué se le va a hacer. Es el paso siguiente al de la sorpresa tras la constatación. 

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