Esos viejos garajes

Han quedado ahí por varias circunstancias encadenadas. Seguro que, si se rasca en el registro de la propiedad, saldrán a colación líos familiares y empresariales considerables, de esos que hacen “dejar la cosa como está”.

Estos líos, o la sorprendente pervivencia de gente reñida con el espíritu de la época, ha hecho que aún sobrevivan -si bien con desconchados, oscurecidos, casi diría que camuflados por la suciedad y la dejadez- un buen número de garajes antiguos, en su mayoría procedentes de la edad de oro de la automoción. En algún momento fueron orgullosas muestras de esa potencia industriosa que iba a comerse el mundo, un mundo que acabó comido por la guerra civil española y la segunda guerra mundial.

 

 

 

 

 

Alguno de ellos recuerda a cines con diseño esplendoroso, como el Rex o el Vergara. Otros pasean su pragmático pasado industrial sin complejos.

Pero yo los aprecio a todos ellos con la belleza que por derecho adquirieron en su día, y que mantienen, aunque la escondan ahora con un cierto pudor. Nadie ni nada se la arrebatará.

 

 

 

 

 

 

Cada vez que los veo, sea cual sea su estado, me reconforta su presencia, y me alegra el día. Porque están ahí. Y son ellos. 

 

Información Adicional