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Categoría: Días de libros, música, cine y vino
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Publicado en Sábado, 09 Octubre 2010 07:35
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Escrito por J.M. García Ferrer
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Todo está preparado para causar precisamente esa impresión.
Fuera, un jardín estilo Parques y Jardines de Barcelona de los 60, pero sin que tenga el mantenimiento de Parques y Jardines del 2010. Dentro del edificio, tras pasar seguridad y recorrer un pasillo anodino con unas cuantas piezas “de museo” (los grandes ordenadores que cesaron servicio a principios de los años 2000), se sube una escalera, y entonces se empieza a recibir el impacto. Un canto gregoriano empieza a sonar.
Han habilitado el coro de la antigua iglesia a modo de un pequeño anfiteatro para las visitas. Abajo, en la superficie originalmente destinada para el altar y los feligreses, envuelto en una enorme caja transparente de cinco metros de altura, se muestra el objeto de análisis... y adoración: Mare Nostrum, el gran supercomputador, el que llegó a ser en 2006 el mayor europeo y cuarto del mundo.
Las explicaciones del técnico, pese a lo extraordinario de los logros actuales del supercomputador (trabajos de cálculo para la investigación de los mecanismos del cuerpo humano, la tierra, la ciencia e ingeniería,... y trabajos para empresas que, por ejemplo, han dado con éxito el punto oportuno de ubicación de las últimas prospecciones petrolíferas de CEPSA), no dejan de hacernos ver el actual supercomputador, ahora en el puesto 87 mundial, tras la ausencia de la actualización bianual de 2008 debido a las restricciones de la crisis, como un venerable anciano, necesitado de ese nuevo salto cualitativo, hacia ese Mare Incógnito que lo vuelva a catapultar a la cima de los de su especie.
Con la música gregoriana ya apagada, y haciendo luego un recorrido por encima y el lado del protagonista, t
e hacen ver que la cosa no es más que la multiplicación, por 2.500, de las placas de nuestro ordenador casero, colocadas en paralelo. Y los problemas básicos resultan ya entonces, por encima del impacto de esa visión del estilo de 2001, una odisea del espacio (con la música gregoriana sonando y esas máquinas tan ordenada y limpiamente colocadas, enlazadas por esos cableados “tan extremadamente bien rastrillados”, según expresión del presentador), los problemas de cómo reducir el enorme calor disipado sin que ello suponga un consumo eléctrico ruinoso, o de cómo disminuir los percances de un apagón del bueno de Mare Nostrum.
El proyecto de Mare Incógnito, ese nuevo supercomputador, es lo que ahora se cuece en esas dependencias del gobierno central, la Generalitat y la UPC, pero a mí, claro, lo que me ha quedado es esa imagen de HAL...
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