Se acabó el Rex
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- Categoría: Días de libros, música, cine y vino
- Publicado en Sábado, 31 Julio 2010 18:53
- Escrito por J.M. García Ferrer
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Estoy de un necrológico subido. Pese a que iba a ser todo una fiesta. En fin, ya se sabe: días de vino y rosas, y todo eso. Pero nada. La actualidad pone el crespón negro, y no hay quien lo pare.
Ya era raro, muy raro, que en Barcelona resistiese un cine como el Rex, con una sola sala bastante grande, anfiteatro desde hace ya largos años cerrado, platea siempre despoblada, local céntrico pero a la vez algo descentrado. Parecía que el tiempo se hubiera parado para él alrededor de 1980. Todos los cines habían sufrido el brutal tirón de estos cruentos años, y les había sentado fatal, con venga hechos luctuosos. Todos menos el Rex, con su horrorosa pero entrañable decoración moderna de unos años antes de esa fecha, algún listón de metal dorado y muchas manchas de luz blancas sobre el rojo de sus puertas y sobre todo sobre el rojo intenso de sus butacas.
Era magnífico cuando pasaban ahí un gran estreno, porque sabías que si evitabas otro cine que la hicieran y apostabas por él, no tendrías colas, y podrías llegar justo antes de que empezase la película sin problemas. Siempre, no obstante, al dar una ojeada al llegar, justo antes de que se apagaran las luces, comentando que sería, dada la débil audiencia, de las últimas veces que desgraciadamente pudiéramos pisar su alfombra.
Ahora me duele, pero debo confesar una cierta desafección por mi parte en los últimos tiempos, tras su abandono de las versiones originales. Iban probando uno y otro tipo de programación, siempre sin éxito, y puestos a seguir con poca gente, habría estado bien caer como los buenos, sin concesiones...
A mis hijas no les gustaban sus palomitas, que eran de esas industriales, de bolsa de plástico,... hasta que desaparecieron completamente junto a las golosinas y a la señora que las suministraba. Entonces ya sólo quedaron, cara al público, la taquillera tras esas mamparas de cristal oscurecido, y una figura masculina, pelo negro algo rizado, que sí aguantó todo el temporal, ahí, detrás de ese pequeño mostrador, para romper las entradas de los cuatro o cinco espectadores de la sesión, o atender sus quejas ante la protesta por alguna mala proyección, que también tuvo.

La última vez (y no fue una sesión del BAFF) se me ocurrió mirar hacia las paredes y el techo, y pese a la poca luz, ya vi que estaba condenado sin remisión: no habría quien invirtiera para, con un adecuado mantenimiento, combatir aquellas manchas de humedad.
Sólo he sido consciente de una terrible agonía como la de este pobre Rex: la del Vergara, una joya del Art Decó, vencido por las humedades y la dejadez, y luego víctima de la piqueta. El Boliche de la Diagonal, en cambio, cerró en perfecto estado de revista, con un cartel de que iba a entrar en un proceso de adaptación a nuevas tecnologías. Pero sigue cerrado. Y yo que tenía la impresión de que había remontado, y que la fórmula que aplicaba estaba logrando tener éxito...








