¡Brigitte Bardot! – Exclaman, incrédulos, los padres de Serge Gainsbourg.

 

 

Quizás es la escena más regocijante de “Serge Gainsbourg (Vida de un héroe)” (Serge Gainsbourg, vie héroïque, Joann Sfar, 2010). La madre llega a su casa, y se encuentra con el padre totalmente excitado, llamando su atención y pidiéndole silencio. Por señas y susurrante le indica que en la habitación de al lado su hijo está nada menos que con la ídolo del momento: ¡Brigitte Bardot! Y, acto seguido, ilusionados, los dos inician un nervioso baile, mientras canturrean esa cancioncilla que gente con la edad suficiente recordará: “Brigitte Bardot, Bardot / su estilo triunfó, triunfó/...”.

Ese entrañable matrimonio judío es, sin lugar a dudas, aún cayendo un poco en la caricatura, uno de los aciertos de esta peculiar película, llena, por otra parte, de muy bien traídas émulas de Juliette Greco, BB, France Gall o Jane Birkin, todas (las originales) caídas en su día en brazos de aquel maleducado seductor creador de canciones y compositor, cuya casa y tumba son hoy visitadas por los buscadores de rincones de culto. (Son ya multitud los que van a estampar una frase o firma en la puerta y fachada de su vivienda parisina –toda ella graffiti- o a dejar caer un billete de metro sobre su actual residencia en el cementerio de Montparnasse).

 

Lo que hace peculiar a la película, que, aunque peligrosamente cercana por momentos al estilo “Amelie”, por lo menos escapa largamente de la típica hagiografía romántica, es, no obstante, su autor. Joann Sfar es un atractivo dibujante de comics, bastante conocido en el país vecino. Por aquí se ha traducido su álbum “El gato del rabino”, lleno de nocturnos y sinuosos personajes, con rasgos judíos, árabes y gitanos. Y sus dibujos aparecen en la película tanto en forma de divertidas y preciosas acuarelas pintadas por el personaje niño –momento en que el film parece una autobiografía de Sfar- como en carne y hueso –ese careto de Gainsboroug, especie de Pepito Grillo inverso-.

Por lo demás, sobre todo en su acertada e imaginativa primera parte, la película te lleva la cabeza hacia varias partes. Uno viaja, por ejemplo, por el ambientorro de los cafés de mala nota de los años 50. Rápidamente me vino a la imaginación el músico Joan Guinjoan, a la sazón en París para estudiar, y pagándose la estancia tocando javas en locales cercanos a Les Halles por las noches, hasta casi el amanecer. O te hace recordar otras películas. Una no puede faltar: “El amante de las mujeres”, de Truffaut, una vez más. Otra, “Toma el dinero y corre”, la primera película de Woody Allen. Los padres de Gainsboroug de ésta película me han recordado un montón a los padres del personaje de Allen en aquella, entrevistados sobre la vida delictiva de su hijo, y con nariz y gafas de Groucho Marx ocultando su rostro, “por razones obvias”.   

 

 

 

Y, de mar de fondo, “comme la vague irrésolue, je vais, je vais et je viens...”, evidentemente...

 

Información Adicional