La chica del RER va con patines

 

 

 

No es “Paranoid Park (Gus van Sant, 2007), pero también puede decirse que los patines en los que va “la chica del tren” (“La fille du RER”; André Techiné, 2009) marcan la estructura de la narración, como lo hacían en aquella.

 

 

Todo arranca con un recorrido de ella en un esplendoroso día, avanzando con potencia sobre sus patines, ella en armonía con el día. Cuando las cosas se ponen chungas, los patines brillan por su ausencia, desplazándose ella a pie y, cuando aparece una cierta esperanza de recomposición de las cosas, vuelven a surgir las marchas sobre patines, al principio algo dubitativas, luego acelerándose, tomando confianza.

 

 

En correspondencia con eso, y al margen de la cuestión de ritmo citada, se diría que todo se va viendo como si realmente nos fuéramos moviendo en patines, y mirando desde esa perspectiva. No hay aproximaciones hasta la médula de las cosas, sino panorámicas, travelings paralelos a la acción.

 

 

A parte de los patines, también está el tren, ayudando en los continuos desplazamientos entre los puntos de la acción. Por una parte, el RER, que lleva a la protagonista y a su madre desde la casita con jardín de la banlieue, donde la madre (Catherine Deneuve) tiene una informal guardería, hasta el centro de París, y regreso. Por otra, el tren de cercanías, que lleva para la reunión global a donde pasa el fin de semana la familia judía que constituye un tercio de la historia. Sólo un tercer vértice de la acción, centrado en la prisión, la sangre, la droga, resta anclada en una localización sin movimientos, ni de patines ni de trenes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todas estos enlaces cubiertos por los trenes o los patines se corresponden, a su vez, con las extrañas, azarosas relaciones entre los personajes y, lo que resulta mucho más significativo, las aún más peculiares relaciones interfamiliares, de las que puede esperarse cualquier cosa.

 

Mientras que se decía que Techiné perdía fuerza en este su último film, la verdad es que yo diría que, inteligentemente, ha descubierto que, más que lanzarse tras la presa como un elefante en una cacharrería, quizás convenga rodearla, observando desde diferentes puntos de vista sus movimientos, siempre reveladores.

 

A ver si sigue abierta la brecha por la que van entrando películas europeas tan interesantes...

 

André Techiné: “la chica del tren” (“La fille du RER”; 2009)

Cines Renoir Floridablanca, Verdi Park, Yelmo Cines Icaria  

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