Marisco y lentejas

Lo cuenta Malcom Otero Barral en la presentación del libro “Egos Revueltos” (un título a saborear partiendo del inglés que los españoles ya van utilizando a tuti plén por el mundo) de Juan Cruz (Tusquets, 2010) en la librería Laie. Los egos que se toman revueltos son los de los escritores que, a lo largo de un dilatado periodo, un inicialmente joven Juan Cruz, entonces como periodista, luego como editor, quizás más tarde –hay que leer el libro- como simplemente amigo, empezó a conocer.

De hecho, lanzado como última intervención del acto para expresar lo que le ha venido a la cabeza varias veces durante la lectura del libro, podría llegar a interpretarse como un dardo envenenado, si no fuera porque el amable discurrir previo de la sesión (que cuenta con invitados de lujo como Serrat o Marsé) ha dejado claro que de lo que se trataba era de sacar a colación anécdotas divertidas.

La paternidad de la frase es, según anuncia Malcom, de Miguel Ángel Aguilar, que la debió soltar sobre encuentros “literarios” del estilo de los que se relatan en el libro. Ahí va: 

“¡La cantidad de mariscadas que tiene que comer uno para ganarse un plato de lentejas!” 

La observación -extraordinaria- podría pasar también perfectamente como de Rafael Azcona, una persona a la que en el acto, y parece que también se hace así en el libro, se recordó cariñosamente. Como debe ser, vaya.

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