Caín es Abel. Una historia de cine sin ninguna histeria
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- Categoría: Días de libros, música, cine y vino
- Publicado en Miércoles, 24 Febrero 2010 20:55
- Escrito por J.M. García Ferrer
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- ¿Por quién doblan las películas?
- Robert Dinero.
- Franco era un guionista de raza.
- Las obras de Broadway puestas en escena eran mediocridades que posaban de alta cultura cuando ni siquiera eran alta costura (p.139).
- Estuvo grandiosa, que rima con diosa (p.150).
- La O del medio de David O. Selnick no significaba nada: era mero ruido de asombro.
- Sus obras se ven a trozos, trizas, atroces (p.207).
- Actor que devino, pero no divino (sobre Truffaut, en la p.229).
- Tomando la ocasión por los pelos claros (hablando de actrices rubias en la p.263).
- Tenía tantos amantes como dudas Hamlet (p.264), encarnada por un hastiado, astado marido,... Terminó su carrera con un gran ruido de estrella que se estrella.
- El alma de Hitchcok, Alma Reville. (p.275)
- El padre hacía ternos tercos, pero como sastre era un desastre (en p.319, sobre los hermanos Marx).
Todo esto viene a cuento porque acabo de leer ahora “Cine o Sardina” (Alfaguara, 1997) y, de tanto en tanto, si tenía un papelín y boli a mano, me he entretenido en anotar el juego de palabras de turno, las más de las veces -¡ay!- sin retener ni el número de página en que aparecían.
Muchos años después de “Arcadia todas las noches” (Seix Barral, 1978), Guillermo Cabrera Infante volvió a efectuar otra entrega de su desordenada historia del cine, en la que disquisiciones sobre el mundo de Hollywood se entremezclan con análisis de realizadores europeos o con repasos (castos) a actrices rubias o morenas. Pero siempre sin dejar de ser Cabrera Infante, para alegría de la lectura.
Sería hora de reunir todos sus libros de cine (éstos dos y “Un oficio del siglo XX”, por lo menos) en algo así como “La Enciclopedia de Referencia de Cine de Caín”, y tenerlos en la estantería como esos otros –pocos: yo los pondría al lado de “El cine según Hitchcok”, “Les films de ma vie” (ambos de Truffaut) y “Jean Luc Godard por Jean Luc Godard”- a los que también conviene acudir a releer después de haber visto una buena película, a ver qué decían de ella o de sus autores y actores.
A la hora de reeditarlo, iría bien que los editores se lo currasen un poco más que en este “Cine o Sardina”, en el que los títulos originales de las películas, o los títulos de la versión española, brillan las más de las veces por su ausencia, al igual que su año de producción, lo que hace que la cosa, con sólo el título cubano o latinoamericano, en ocasiones llegue a ser dificililla. Aunque quizás es otro juego más que se permite el juguetón libro.








