Cines desaparecidos: belleza y desolación

Una fotografía de “Album”, la incombustible –y que así dure- revista de Jesús Tablate, te llama poderosamente la atención: Muestra, al final de un callejón de una población de aspecto rural, una puerta de madera cerrada a cal y canto, coronada con el letrero “Cine Victoria”. Guillermo Cabrera Infante, rápidamente, apostillaría un “Cine: ¿Dónde está tu Victoria?”. La nota de “Album” publicita una exposición de fotografías de Paco Garrido que, con el nombre de “Un cine desaparece”, ha tenido lugar en Madrid. Esperemos que haga los correspondientes bolos, y la podamos ver.

Es éste un tema desgraciadamente inagotable, y que apela a sentimientos a la vez hermosos y desoladores. Uno piensa en seguida en ese cine de Peñafiel con butacas de madera para traseros estoicos, en el corral de suelo terrizo barnizado de cáscaras de pipas de enfrente del cuartel de Hoyo de Manzanares, en ese bellísimo cine de Vitoria (¿Era Vitoria?) que te arrastraba hasta el cine de “El Sur” de Érice, en el anfiteatro del fastuoso, a la vez que moderno cine Oriente de Tona, en lo redundante que era acudir al cine Vergara barcelonés a ver “La rosa púrpura de El Cairo” de Woody Allen, etc. E, inevitablemente, relaciona todo ello con momentos de su vida que deben ser significativos. Hasta puede ser que el cine en cuestión siga vivo, y que incluso no hayas visto ninguna película en él, pero el sentimiento es el mismo: ¡Que no desparezca nunca el cine Avenida de La Pobla de Segur!
Basta, después de intentar robar por la red alguna que otra visión de las fotografías de Paco Garrido mientras se consume la espera a que llegue la exposición por aquí, con continuar el saqueo por un depósito colectivo de esos de fotografías, como Flickr. Ahí se pescan también muchas imágenes que, en buena parte, denotan que quien hizo la fotografía también estuvo o podía haber estado en su día por uno de esos cines, viendo alguna película, viviendo.

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