El final blanco de César González-Ruano

 

 

 

En el Babelia del sábado 16 de enero, Antonio Muñoz Molina se pone a trasmitir su reacción –asqueado, queriendo huir por piernas, pero en cambio de repente entusiasmado y sin poder dejarlo- ante la lectura del Diario íntimo de César González-Ruano.

 

Basta alguna de las fotografías o dibujos de su rostro y porte, con ese bigotito impresentable, tan propio de su posición ideológica, destacando, para entender la repulsión comentada. Por otro lado, no queda otro remedio que leer alguno de los artículos que le dieron fama para entender la extraña fascinación.

 

Por de pronto, como anuncio de que algo fuerte debe aflorar por ahí, justo después de haber estado precisamente hablando de la conexión del color blanco con los temas sanitarios, impresiona enormemente leer el párrafo final del artículo de Muñoz Molina, conteniendo la verdad atroz, tan fácil de representar visualmente, de las últimas frases del diario de Ruano, que transcribo:

 

“En el hospital donde está muriéndose, González-Ruano respira gracias a bombonas de oxígeno y sigue fumando y escribiendo en su diario. La última anotación es del martes 30 de noviembre de 1965: ‘El terror es blanco. La soledad es blanca’.”.

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