A ver cuándo Agustín Fernández Mallo cubre la campaña electoral de Sarah Palin...

De la misma manera que para los europeos la máxima expresión de la perversión sexual pasa por violentar explícitamente los símbolos religiosos, por ejemplo, una monja vestida de madame, en los Estados Unidos, donde la religión bebe directamente del mito eco-puritano protestante llamado ‘madre naturaleza’, la perversión sexual masculina preferida es la ambigüedad de un paisaje natural, la posibilidad de que la mismísima Casa de la Pradera mute en un burdel de carretera, la posibilidad de que el libro que cada noche leía la Sra. Ingalls fuera un Kama Sutra camuflado con las tapas de la Biblia. Ésa es la ambigüedad de Palin. La señora Ingalls ‘desviada’ de un orden natural”.
El propagador de la Nocilla coloca en cuña en su desopilante relato, finalista del premio “Cosecha Eñe 2009, “La noche de Sarah Palin” (1), esta “idea para futuro reportaje”. Es el trozo serio de un relato que narra una improbable y onírica exploración, rebosante de ‘jet-lag’, por San Francisco.

Imagino a Fernández Mallo, viendo asombrado la epidemia de atracción sexual desatada durante la campaña electoral americana por la dama, y rascándose la cabeza buscando razones. Para exponerlas creo yo que ha escrito ese relato. Bienvenido sea el asombro, que ha dado pie a lo que ha dado.

(1) Se puede leer en Eñe, número 20. Cosecha Eñe 2009. Invierno 2009. Venta en las mejores librerías...

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