La Barcelona de Paco Betriu: Es lo que hay.

 

Si teníamos que vernos por Barcelona, escogía el Bar Rosselló, excepción  excepcional por la zona central del Eixample. Ahí, aunque alejado del territorio, se encontraba en cuanto a ambiente cerca de su mundo personal. Porque Paco Betriu tiene un mundo propio. No un mundo literario, como el Región en las novelas de Juan Benet o el Yoknapatawpha en las de William Faulkner, pero sí un mundo, un paisanaje que se puede rastrear en sus mejores películas. Y “Mónica del Raval” (2009) resulta que, una vez superada  la barrera inicial de su tema y otras varias asociadas a sus vicisitudes de distribución, descubres que es de las mejores.

 

Antes de ponerse a hacer adaptaciones literarias, la pasión de Paco Betriu como cineasta era otra bien diferente que esa de hacer de la corrección divisa. Frente a la sofisticación buscada por muchos cineastas noveles, él tenía tendencia a irse hacia nada menos que un hilarante “Corazón solitario” (1973), película, por cierto, que él decía que le habían destrozado, o hacia la más tremenda “Furia española” (1975), con Cassen recuperando un papel protagonista, tan protagonista como el casco viejo de Barcelona, sus balcones, etc.

 

Con esas imágenes precisamente arranca “Mónica del Raval”: Una calle llena de balcones, ropa tendida,... dando paso a otras imágenes de calles digamos que “no esponjadas”, ni recicladas hacia la modernidad, del barrio chino de Barcelona. A continuación se levanta una cortinilla a modo de cortina de teatro o cine antiguo, y empieza la función. Da gusto ver entonces a Francesc Betriu, sin su primer y característico mostacho, pero muy reconocible, dirigiendo el rodaje de una entrevista a Mónica Coronado, la prostituta casi vocacional que va a dirigirse a la cámara durante todo el metraje, explicando sin tapujos su larga vida con la profesión a cuestas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si alguien ha olvidado qué es Barcelona, qué es el barrio chino, cómo vive ahí la gente, “Mónica del Raval”, actualmente visible en Barcelona en el Alexandra, y concretamente en el antiguo Alexis, en pase único de las 10 de la mañana de unos cuantos días de la semana, se lo dejará claro. Lo mejor es que va a recuperar la realidad, pero sin dejar de sonreír, y hasta riendo abiertamente a lo largo de todo el metraje. Y, además, dicen que si llegas pronto, el precio de la entrada te incluye un desayuno...

 

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