Nos deja “Cuenca”, de Català-Roca, pero...
- Detalles
- Categoría: Días de libros, música, cine y vino
- Publicado en Sábado, 07 Noviembre 2009 20:13
- Escrito por J.M. García Ferrer
- Impactos: 463

Le he preguntado al responsable de la sala hasta cuándo mantendrían la extraordinaria exposición de las fotografías que Francesc Catalá-Roca realizó en Cuenca por los años 50, y me ha respondido que “hasta eso de las 12”. Vamos: que era el último día, con lo que me quedo sin poder recomendarla encomiásticamente, que se suele decir.
Aprovechando una joya efímera (un día de vacaciones), he acudido a una cita que iba atrasando sin saber cuándo podría cumplirla. Me he presentado en la sede en Barcelona de “La Fábrica”, para ver la exposición de las fotografías de Catalá-Roca y, de paso, curiosear la librería, que no conocía. Y he salido más contento que unas Pascuas de la decisión.
Aunque Catalá-Roca decía aquello de que el blanco y negro era una antigualla, y que todas las fotografías tenían que ser en color, a ver a quién no le gustan, entre las suyas, las de la España de los años 50... Y éstas de Cuenca, recogidas en un libro reciente, son de las mejores. En la sala central de La Fábrica resplandecían, expuestas tal como el fotógrafo siempre imponía: sin paspartout, conteniendo la muestra, esa tan célebre del torero a hombros alzando las dos orejas y el rabo del toro, pero también otras muchas que habían pasado bastante más desapercibidas. Es curioso cómo tuvo cabeza para pensar que lo que se veía “normal” en esa época iba a ser en el futuro un documento de primera. Otros muchos, puestos a documentar, le hacían fotos a la fachada de la iglesia del pueblo que, esa sí, iba a seguir inmutable durante años y años. 
Se ha acabado la exposición, pero nos queda el libro editado. Y darse el paseo hasta la sede de La Fábrica seguirá siendo, creo, una opción muy saludable. Mientras subes y curioseas el despacho de arriba, todo de madera, en el que se exponen libros y revistas de fotografía y otras (pocas) hierbas, de diseño claro y acertado, un olor que alimenta te va venciendo. Debe venir de los preparativos del restaurante “Tapioles 53”, reducto especialísimo que ahora forma parte de la propuesta global que ofrece esa antigua fábrica de paraguas del Poble Sec barcelonés. La Fábrica está, además, a dos pasos de la Plaça del Sortidor, por ejemplo. Una de esas placas colocadas por el ayuntamiento en la época de las olimpiadas señala que el Restaurant del Sortidor es de los comercios con tradición (es de 1908) de Barcelona. Y las cosas para picar de su carta, al margen de sus pastas y otros platos, prometen cosas como huevos estrellados, o croquetas de queso Idiazábal...








