Así que era que el cuerpo de Charlie Haden vibraba con su contrabajo

En 1973, el momento mítico de Miles Davis en el Palau de la Música fue al día siguiente, cuando B.B. King lo llamó desde el escenario, y él arrancó unas notas de su trompeta que no fueron olvidadas por quienes las llegaron a oír. Ese recuerdo lo guardo, pero de prestado. Bueno, de hecho ahora lo he tenido que ajustar, viendo la actuación registrada en Youtube.   

 

Mi recuerdo de Miles Davis en el Palau corresponde al día de su concierto. Llegamos tarde o, como mínimo, se tardaba mucho tiempo para llegar arriba de todo del gallinero. El caso es que el suelo de la estrecha escalera y de los pasillos que conducían a la sala empezaron, de repente, insospechadamente, a vibrar, transmitiendo un enorme temblor a las piernas. Al entrar a la sala, todo un recibimiento electrónico acústico casi me tiró hacia atrás, y hasta llegué a temer que la cristalería del Palau empezara a desmenuzarse por el estruendo. Ya en la butaca, más que oír la música, se sentía su vibración en el estómago. Era algo físico... Éste es mi recuerdo del concierto. Éste y que Toni Gili (de La Locomotora Negra) y unos cuantos amigos suyos, que estaban unas butacas más allá, no aguantaron mucho. Soltaron unos cuantos gritos sobre que eso no era jazz que, con el estrépito, no creo que mucha gente llegara a oír, y se fueron. 

 

Ahora, en el documental “Charlie Haden. Rambling Boy”(Reto Caduff, 2009), su protagonista explica el secreto de su querencia, de su integración con la música que emana de su contrabajo. Va de vibraciones, pero más íntimas, sin necesidad de ampliaciones electrónicas: Explica que, tocando el contrabajo, “sus vibraciones te llegan al cuerpo”. 

 

La película se ha pasado en el 7 Festival Internacional de Cine y Documental Musical de Barcelona del que, teniendo en cuenta lo rica que estaba la copa que ofrecieron al acabar la proyección, voy a dar su nombre comercial por el que es conocido: “In-Edit Beefeater”. Es una película que recomiendo con entusiasmo a los amantes de Charlie Haden, a los del jazz y hasta a los amantes de la música tout court. A los amantes de Charlie Haden porque confirman lo que sospechaban del personaje a través de únicamente escuchar alguna de sus intervenciones. Charlie Haden es un buenazo, con una sensibilidad y exigencias grandes para todo tipo de música y de causas. A los del jazz aunque sólo fuera por el dúo entre Pat Metheny y él que contiene, o por su actuación reciente, privada, con Keith Jarrett, a través de la cual personalmente llegué a olvidar ciertos desencuentros previos con el pianista: tal es el grado de respeto que muestra en las notas finales con la labor del contrabajista. Y a los amantes de la música en general porque no sólo de jazz habla el documental, que abre su mirada a una visión cíclica del country: el practicado en sus inicios -¡2 años!- con toda su familia, la increíble y radiofónica “Haden Family”. Y, cerrando el círculo, el practicado ahora por él como pater familias con su mujer y sus cuatro hijos (incluías las trillizas).

http://www.charliehadenmusic.com/

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