La noche de los caballos como seda

A la mujer a veces se le encabritaba la mirada.

Era como si un río de caballos negros y sedosos la traspasara en la búsqueda del mar.

Un día se dejó ir desnuda, con pequeños adornos de corales rojos y negros.

Llegó hasta la orilla.

No sabía si seguir o volver a la blandura del sueño.

El cazador de gestos sabe el final.

Sea como sea que termine la historia, a la mujer nadie le quitará de los ojos el brillo de los caballos galopando su noche.

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