Sangre fácil
- Detalles
- Categoría: Crónicas
- Publicado en Domingo, 12 Junio 2011 10:51
- Escrito por cronopio
- Impactos: 175
Odio ir en autobús. No hay nada fóbico ni mucho menos “técnico-estadístico” en esta manía que se remonta, creo, a los años setenta, cuando pasaba más tiempo en la calle que en casa. ¡Hubo una temporada que hasta llegué a marearme en el Bus! Además, el mapa del metro es legible y hasta cabe en el bolsillo. Y por supuesto, mientras esperas en el andén no se te pone esa cara de ansioso cada vez que aparece, a lo lejos, un “carromato deportivo” de color rojo, como pasa en la parada del Bus. Y pese a la reciente señalización electrónica, si estás lejos de ser joven te dejas la vista desentrañando si es el número que esperas como si te fuera la vida en ello.
Que yo recuerde, por el túnel del metro nunca aparece un taxi, ni una calesa tirada por cuatro corceles, ni un motorista con la moto tuneada machacándote los oídos, ni una manifestación de los 15-M dándole al pito y a la pancarta. También, es cierto, que está Horacio Oliveira –que siempre es un tanto a tu favor-, a quien le encantaba “perderse” por la red suburbana de París. Y, por supuesto, las fotos de Nocturama. Y, ahora mismo, la espléndida película de Woody Allen, quién de vez en cuando sigue dejándote clavado en la butaca del cine con cara de bobo y una sonrisa en los ojos. Por cierto, nada que ver con la tiranía de lo positivo.










