El Gran García y la ley del tornillo
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- Categoría: Crónicas
- Publicado en Miércoles, 24 Noviembre 2010 07:44
- Escrito por cronopio
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A nuestro profesor de Segundo de Bachillerato le apodábamos el Tío Pipa y a la larga vara con la que resolvía las cuestiones de orden interno la bautizamos enseguida con el apodo de la Tía Paca. Lo de ”Pipa” se entiende a la primera y lo de Paca me atrevo a aventurar que era debido a la “onomástica” de la época, en la que los nombres de pila se adjudicaban, como buen país católico, apostólico y romano – y sin compasión alguna - con el santo del día del nacimiento. Así, a mi madre le pusieron Nemesia, a su tío adoptivo Leoncio, etcétera. Además, la figura del “tío” tenía una prerrogativa especial, una función familiar de privilegio que ha ido decreciendo con el paso del tiempo y los cambios sociales que todo el mundo ya conoce y no me molestaré en explicar. Eran los tiempos del “Tiovivo” y el “Tío Vázquez” y también de aquella frase tan socorrida “Tú lo que pasa es que tienes un tío en América”. Tiempos, en definitiva, duros y ásperos en los que uno entraba en la adolescencia por la puerta de servicio. En el mundo de los adultos, por otra parte, y aunque entonces no lo sabíamos, la cosa era todavía peor, el Estado estaba representado, en riguroso orden de aparición en escena, por el municipio, el sindicato y la familia. Luego, claro, estaba el Tío Pipa (alto para la época, vestimenta ajada, y una enorme cartera desgastada por el uso), cuyo único vestigio de prestancia residía, probablemente, en esa pipa adosada para siempre a sus labios carnosos.
Fiel a su estilo abusica cual Mataniños, nos sorprendió el primer día de clase con una extensa disertación acerca de nuestras escasas condiciones para el éxito. "Unos individuos como ustedes – nos dijo - pueden permitirse la hazaña de acabar la Enseñanza Básica sin pegar golpe; pueden incluso, si tanto me apuran, aprobar el primer curso del Bachillerato a tenor de ciertas casualidades, la naturaleza de las cuales a mí mismo se me escapa, pero el segundo curso es diferente. Este curso ustedes no lo pasan ni echando sangre por los codos". El Tío Pipa era como la religión: un camino lleno de espinas. Siempre acababas sintiéndote culpable de casi todo. Ante cualquier mueca de desagrado del profesor concluías para tus adentros: “¿Qué habré hecho mal?”
Su deplorable sentido del humor, un humor primitivo y autárquico, como el del país, combinaba el desdén hacia sus subordinados –sus alumnos- con la práctica generalizada de la humillación. Porque no hay tortura completa sin humillación. Por eso mismo, cuando nos tiraba de la patilla, cuando nos lanzaba el borrador con la “sana” intención de hacernos un buen chichón, cuando nos daba un soberano bofetón con la mano extendida o nos atizaba con la Tía Paca donde él sabía que dolía y a alguno de nosotros se nos escapaba el consabido ¡Ayayay!, él respondía, chistoso: "guárdeselo para cuando no haya".
No fueron aquellas rancias e irrisorias maldades (que, todo sea dicho, encajábamos con no menos sangre fría con la que El Capitán Trueno, recibía una cuchillada tras otra sin torcer el gesto las que propiciaron mi gran aversión hacia el Tío Pipa, sino lo que sucedió aquel día en el que García, mi compañero de pupitre, imprevisiblemente, se le enfrentó. "Usted no tiene derecho", le dijo.

El Tío Pipa a menudo procuraba estimular nuestro espíritu colaboracionista. Requería a García, pongo por caso, y le encargaba tres nombres. Los tres que rompiesen el código “prohibido hablar en clase”. A ninguno de nosotros se nos escapaba que en aquella pesquisa había que olvidarse de las chicas ya que nuestro profesor – en este caso sí que lo cortés quitaba lo valiente- nunca les ponía la mano encima. Pero aquella mañana a García se le cruzaron los cables y exclamó: Brillas, Boada y Fernández… El nombre de pila de Fernández era María del Carmen.
El Tío Pipa se levantó perezoso y pausadamente. No es que fuera un vago, que lo era, sino que se trataba de una más de sus técnicas de intimidación. Esbozó una sonrisa que pretendía ser ambigua y dijo:- Usted, señor García, ¿verdad que no permitirá que peguemos a una dama? ¿No es cierto que usted, todo un caballero, se ofrecerá gustoso a ocupar el lugar de la señorita Maria del Carmen?
¡Otro con ganas de hacerse el héroe! Pensamos todos, aunque también sorprendidos, esa es la verdad, porque García no era precisamente un fanfarrón. Desde la perspectiva de ahora, diríamos, incluso, que era un buen tipo, de los que no se meten con nadie, no sé si me explico.
Lo cierto es que García dijo un ¡NO! que hizo temblar el aula. Que no, que no había derecho. “Usted no tiene derecho” clamó una y otra vez mientras su cuerpo se doblaba contra la pared ante aquellas tremendos bofetones que más bien parecían puñetazos, para acabar hecho un guiñapo en el rincón, bajo una inmensa pizarra que cubría todo el ancho de la pared y en la que los presuntuosos quebrados les hacían la corte a las frágiles ecuaciones de primer grado.
Usted no tiene derecho. Fue la primera vez que recuerdo haber escuchado esta frase tan sencilla y, a la vez, rotunda: “Usted no tiene derecho”. Claro que lo traduje enseguida a mi particular código cuartelario y pensé, pobre García, qué huevos. Aunque también es cierto que mi espíritu, tan tacaño y pueril como el de cualquiera de mis colegas, quedó en entredicho. Avergonzado, sin saber muy bien por qué.
Con el tiempo el “magisterio” del Tío Pipa inmigró al cuerno y la figura de García se fue agrandando en mi memoria hasta convertirse en El Gran García. Oscar Wilde decía que “ni siquiera los Dioses pueden modificar el pasado”. Seguro que, como casi siempre, tenía razón. Pero, añado yo, modestamente : es facultad humana reinterpretar el pasado.
Caricaturas
by fer & Bisho
- Dibujo “Bla, Bla…”: ¿No os ha parecido a veces asombroso el parecido entre lo que escribe el profesor y su libro de cabecera?
- Dibujo “Dedo sentenciador”: SShhhhhhhhhhhhhhhh!!!! Silencio. Aquí se ve a uno de nuestros profesores elaborando una compleja teoría para la que se necesita concentración máxima... Se llama vulgarmente la ley del tornillo... De gran complejidad!!!
- Dibujo “Examen”: Así van a ser mis exámenes...








