Los “jueves fémina” del cine Venus en el barrio de la Sagrada Familia
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- Categoría: Crónicas
- Publicado en Lunes, 11 Octubre 2010 06:29
- Escrito por cronopio
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Mientras a mi ma daba de patadas haber nacido en una familia del lumpenproletariado urbano de una ciudad derrotada una y mil veces –aunque entonces no tenía ni remota idea de mis oscuros presentimientos-, en el cine Venus las amas de casa se lo montaban guapo con la mierda de Los Jueves Fémina. Los jueves la entrada era más barata para las señoras, y, por supuesto, para nosotros, sus terribles cachorros. Abandonadas a su suerte a lo largo y ancho del día por sus maridos que, mansos y sumisos, aún paladeaban el amargo sabor de las consecuencias de una guerra de la que nadie hablaba, las amas de casa del barrio de la Sagrada Familia, difícilmente se perdían el cine de los jueves: Los Jueves Fémina.
Eran tiempos de silencio y de racionamiento familiar, de una soledad que no se veía pero se palpaba. Lógico, los muertos no hablan - los fusilados menos-, y tampoco los que fueron echados a patadas. Tiempos en que la radio era la única ventana por las que entraba un poco con aire fresco, una ventana, aún así, de doble dirección por la que llegaban las voces de unos locutores entusiastas y pregoneros de las hazañas del Caudillo, con la inevitable conexión de todas las emisoras del país a las “noticias” de Radio Nacional de España, algo así como La radio al alcance de todos los españoles. El famoso "Parte" duraba 15 minutos y se emitía a la hora de la comida y de la cena.
¿Quién no recuerda el programa Cabalgata fin de semana?, con las inconfundibles voces de Luisa Fernanda Martí, José Luis Pecker y, sobre todo, de Bobby Deglané. También estaba la omnipresencia de Joaquín Soler Serrano, con "Avecrem llama a su puerta", por no hablar del “deprimente” Carrusel Deportivo (que, según he descubierto, ¡fue una idea del propio Deglané!). Si algo me deprimía más que el nauseabundo olor de las aulas del colegio eran los domingos por la tarde, con el horroroso vocerío del “Carromato Deportivo”, una sintonía, por lo demás, que –pese a mi afición fanática por el fútbol- no he dejado de odiar eternamente.
Las paranormales sesiones del rezo del rosario le valieron un premio Ondas al padre Peyton, cuando yo tenía sólo cuatro años. Aunque, existieron programas mucho más amables. Estaba "Matilde, Perico y Periquín" y, claro, los seriales. El Hollywood de la España casposa, las colas y el sí, señor fue, sin duda alguna, Guillermo Sautier Casaseca, llamado también “el rey de la lágrima por entregas”. Pero no eran solamente las voces de Maribel Alonso, Juana Ginzo, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa o Eduardo Lacueva las que apaciguaban el terrible aburrimiento del páramo adueñado por un pareja de guardias civiles, la melodía de los seriales era la parte mágica que, como un encantador de serpientes, nos invitaba, sobre todo a mi madre y a mi tía, a vivir otras vidas, más o menos –dirá alguien- como el “tomate” de ahora, pero sin insultos, escupitajos ni la obscenidad –sí, a veces la imagen no es lo que debería- de ahora. Así pues la música era la parte más elegante de los folletines radiofónicos del estilo de Ama Rosa o Simplemente María.

Los Planes de Desarrollo, y el boom del turismo estaban aún por llegar. El hombre de la casa, el titular del libro de familia, debía procurarse, antes que nada, un salario fijo y, luego, una serie de chapuzas que completaran su raquítica remuneración. Y todo con la esperanza de salir, de una vez por todas, de la miseria del retrete, la cocina de carbón, la nevera de hielo, el pesado recorrido (cargadas ellas con el cesto de la ropa sucia) hasta la lavandería común. Y las literas de los niños. Y todo para alcanzar, tras ímprobos esfuerzos, la dudosa gloria del piso con baño, la nevera eléctrica Westinghouse y, por fin, para el señor de la casa, el currante, el apaleado, el miserable desertor, el páter familias, el “sisenstot ” a la puerta de casa.

Intraducible al castellano, este diminutivo, a la vez chusco y guasón del Seat 600, la gran esperanza blanca de nuestros padres. De tal guisa, madres e hijos nos organizábamos para la sesión continua de los jueves. En la cesta, la gaseosa, los bocadillos y las bolsas de pipas. Echaban dos películas, dos, con su intermedio y el NO-DO, el noticiario franquista “al alcance de todos los españoles”, versión en imágenes del reportaje roñoso de la radio, antes mencionado. Entrábamos con los albores de la tarde y salíamos ya bien entrada la noche. Porque, sencillamente, no bastaban dos horas para olvidar ese otoño gris que nuestras madres llevaban pegado en sus raídos abrigos y en las suelas de sus zapatos, pero, sobre todo en su mirada. Unas miradas de luchadoras que no se rendían ante nada ni ante nadie. Lo resistían todo, la metralla de los críos, la sisa al salario de mierda del marido, los constantes remiendos de ropas y cacerolas, la sonata del dichoso fútbol (panem et circenses) y la puta obsesión del marido sacándole una y otra vez el brillo al sisentot todos los domingos por la mañana. Incluso, por soportar, soportaban los abrigos de visión de las doñas de los que habían ganado la guerra.
Foto de la “Calle Poeta Cabanyes”
Albert Ribera – Intentando ver el árbol y el bosque
Fotos de Barcelona en los años 50, 19 Febrero, 2008
http://albertribera.wordpress.com/2008/02/19/fotos-de-barcelona-en-los-aos-50/
Cartel: “Periquín y sus amigos”
Parece que fue ayer








