¡Me quito el cráneo!
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- Categoría: Contraculturas, performance y otras yerbas
- Publicado en Domingo, 29 Noviembre 2009 08:32
- Escrito por José Joaquín Beeme
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Saca pelos —cadaveriza el rizo— hasta de 10 calaveras, este Juan Sin Miedo. Genio y figura, desde la sepultura nos invita al chou de última hora. “Asunto horrible en drama suave”, como abrocha el primero de los sonetos, intitulado a otro perdulario juglar, Yorik, que se endereza como el de Lope a Violante, la cosa pinta así así desde el final hasta el final: los muertos, con humor, son menos.
Me dio el funéreo poeta para mi Torre 4 de estas cabezuelas locas: la hispalense, la civilona, la habanera y la vaquera, pero no son mancos el soneto a maese Tiempo (el que no deja discípulos), ese otro soneto de na’ que describe la vida cual lidia total —el verso, sus peladillas—, una mitocomedia ambientada en la Estigia, una arenga para desalentar morituri o, en fin, el romance post mortem de un espalda-mojada hundido con su balsa de esperanzas.
Hace cucú en estos sonetos y sonatinas Valle-Inclán. No en vano (pero sí en vino) JCE se firma Max Star, de estrellado del teatro máximo. Y al maestro tira la montera cada vez que sale al redondel de su esperpentáculo. La gracia y la impudicia verbal, un si es no es perdonavidas y matachina, le deja las frases rehechas (“güisqui con soga”), los vocablos recién cortados (“laureola”) y la metáfora chulapa (“ferry de las almas”).Yo aquí sólo pregono —“Vuelvo enseguida”, se lee donde Caronte— esta barraca de garbosos zombis, este juego apuestoso a vida o muerte. Escondida, como la ansiaba Juan Escrivá, o descarada y gozosa, las veces que nos sorprende en éxtasis postrero.
José Joaquín Beeme
La Torre degli Arabeschi








