Rafael Ferrándiz

Las pinturas de Rafa Ferrándiz producen, sobre todo, sensaciones. Impetuosas y apasionadas sacudidas en el estómago. En el, aparentemente, difícil campo de la abstracción, Rafa hace posible que la reacción visceral predomine sobre la cerebral.

Que la lectura tradicional de figuras y objetos se vea sustituida drásticamente por la emoción de un diálogo “sin texto”. Un diálogo la mayoría de las veces sin punto de partida, en el que autor y espectador se mueven por igual en la cuerda floja de las “impresiones” y los “sentimientos”, siempre en busca de ese punto de encuentro donde la agitación de la conmoción acaba superponiéndose al placer primero de la identificación de lo reconocible.

En el lenguaje pictórico de Rafael Ferrándiz, sus obras se desencadenan, aparentemente, en el anonimato de las intenciones. De ello parece deducirse el hecho de que no muestren “aspectos reconocibles del mundo que nos rodea”. Sin embargo, en cada trazo, en cada esquirla o fragmento asimétrico en el que el rojo ataca al negro y viceversa, en cada transmutación de los colores y las formas, en definitiva, está biografiado nada menos que el espíritu del artista. De Rafael Ferrándiz. Nada más próximo a una experiencia absolutamente personal.

Recordemos sus propias palabras, las del autor, cuando dijo en una ocasión: Es como si en esos momentos, cuando agarras el pincel y te enfrentas a la precariedad de la tela desnuda, sin una idea determinada, te dieras cuenta de que sólo puedes esperar que la propia pintura te conduzca por el camino que ella misma te dicte."

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