Ferran Jordà: Pensamientos
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- Categoría: Más allá de la mirada
- Publicado en Sábado, 27 Marzo 2010 10:26
- Escrito por cronopio
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Pensamientos hay de muchas clases. Tenemos la variedad de flores a partir de la mutación de la viola tricolor de la planta de la que procede. Y, por supuesto, tenemos el nuestro propio, ese que nos permite una lucha (puede que) digna con el tiempo y el espacio. “Si no tienes nada que hacer –escribió Haruki Murakami en “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”- los pensamientos te van llevando cada vez más lejos. Te llevan tan lejos, que llega un momento en que ya no puedes seguirlos.”
El secreto no consiste, pues, en buscar un momento para pensar, aunque quizá sería mejor decir, para descansar de la exigencia y acoso de lo inmediato, lo próximo, lo que no deja poso. Lo que luego ni recordaremos por fútil y anecdótico. El secreto, si es que hay alguno, es poseer el don de la espera. Sí, esperar a que sean nuestros propios pensamientos, los verdaderos, los ocultos, los fantasmales, los que acudan lentamente y crucen el umbral de nuestros sentimientos. Quizás ese momento de recogimiento, abrazados a nuestro propio cuerpo en un rincón del sofá, en plena penumbra si no fuera por la mortecina luz de una lámpara de pocos vatios. Más o menos como en la fotografía de Ferran Jordà.
Son momentos caros y que se hacen de rogar, aunque si perseveramos puede suceder. Son ese tipo de pensamientos que si los recibimos como es debido consiguen el efímero pero intenso milagro de que el tiempo se detenga, que todo quepa en ese instante: entre el ayer y el hoy, entre el ahora y el después. En realidad nos estamos aventurando en el territorio de las sensaciones. Y los sentidos, es de sobra conocido, preceden a las palabras. Y, si se me apura, sin los recuerdos no hay esperanza.
“Laisse penser tes sens” (dejar pensar a los sentidos), dijo el poeta Paul Fort. Al hilo de esta frase, la imagen de Ferran me sugiere ese claroscuro oblicuo en el que la luz y sus sombras construyen pensamientos que tarde o temprano se recompondrán (¿aflorarán?) en palabras. Este momento se sustenta en la soledad.
La soledad tiene muchos agujeros, es cierto, pero también ayuda a meditar. Y a proyectar el deseo. Porque amar, lo que se dice amar, se empieza con el pensamiento.
Fotografía: Ferran Jordà: Conversaciones: Pensamientos
Publicado en LITERATUYA escribo porque escribo y porque tú
http://www.literatuya.com/otras-literaturas/conversaciones-pensamientos.htm








