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Noticias
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Realizado por J.M. García Ferrer
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Lunes, 30 de Agosto de 2010 05:33 |
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Soy de los que creen que Woody Allen, a la chita callando, entre broma y retrato certero, soterradamente, va dejando mucho de sí mismo en sus películas. No podía ser de otra forma, por otra parte, en alguien que encadena la elaboración de una tras otra.
Eso supone, aunque suene duro al leerlo, que habla del desprecio que va sintiendo cada vez más por la gente y hasta de sí mismo. Si en su anterior película admitía aún un cierto autoengaño, explicado en ese título de “Si la cosa funciona” (entonces ¿por qué no?), en esta recién estrenada queda clarísimo que sólo los ilusos siguen creyendo en un futuro feliz y reconfortante. El resto del panorama, aunque dejado ahí como quien no quiere la cosa, como quien explica varios cuentos, siempre con divertidas escenas y apuntes de lo más certero, es de lo más desesperanzado. Porque todos los demás personajes saben de la comedia en la que juegan y van a seguir jugando. |
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Noticias
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Realizado por J.M. García Ferrer
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Jueves, 19 de Agosto de 2010 12:26 |
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Esta vez la cita ha sido en el Festigàbal, en la plaça Rovira de Gracia, el municipio ex independiente de Barcelona, que por estas fechas se lanza a sus fiestas. Cuando llego (unos veinte minutos antes de la hora del concierto, que es la del vermú), parece que ya está todo preparado, pues van sonando bastante bien unos cuantos instrumentos, con marcha. Pero poco después surge alguna mala conexión que, tras una pequeña explosión, hace enmudecer al conjunto, mientras un atronador grupo electrógeno se pone en marcha sin complejos. Una hora después, por fin, todo arranca. Y vaya si arranca. Porque el concierto es básicamente eso: arranques ensordecedores, gloriosos, de potentes tonadas del rock más proselitista, de ese que hace, inevitablemente, seguir el ritmo.
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Crónicas
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Realizado por cronopio
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Miércoles, 18 de Agosto de 2010 18:39 |
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En el meridiano de las tardes de julio, el sol lamía las casas baratas, con sus paredes desconchadas y sus largos pasillos exteriores. Nadie hablaba de vacaciones porque, sencillamente, las vacaciones no existían, como no existía la “semana inglesa”, ni y el UHF, llamado luego por bastantes padres (con sus rostros manchados por la humillación del silencio) el canal “para los raros”. Apelmazado silencio de mosquiteras y persianas bajadas, y apenas la sordina de los tranvías haciendo sonar su ¡CLANC, CLANC! característico. Tardes de mujeres junto a la radio zurciendo rodilleras destrozadas por el cruento estrépito de los combates de sus retoños ejerciendo de guerreros callejeros sin antifaz y con espadas de mentira. Eran esas tardes de verano que se dispersaban por el pensamiento como el aceite sobre el agua, flotando en su superficie, diluyéndose sólo en sus extremos y formando puntitos en el centro...
Llamaban al teléfono. |
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